Un tal Gabo

Por Darío Gallo

Al fondo del Callejón de los Nísperos, en un barrio apacible de Cartagena de Indias vive Luisa Santiaga Márquez Iguaran (92), hija de un coronel y madre de un premio Nobel, aunque esto la tiene sin cuidado. La niña Luisa, así le dicen desde que era niña, esta sentada como ausente en la mecedora del patio delantero, recién la bañaron, huele a colonia. Tiene las manos entrelazadas y los pulgares girando sobre si mismos en innegable espera. Desde hace un tiempo, la memoria le naufraga y suele desconocer a algunos de sus once hijos. Es el ultimo sábado del año y un suspiro de brisa aligera el crepúsculo cuando sus hijas Ligia, la charlatana; Rita, la suave; y Aida, que fue monja, gritan a trío: "!Niña Luisa, viene Gabito!". Pero Luisa ni parpadea. Desde el portal, vestido
para el partido de tenis de las siete, Gabriel García Márquez (70) saluda sonriente, pantalón corto y zapatillas blancas. Se acerca a la madre: "¿Y usted como anda?", pero nada. Por la casa del Callejón de los Nísperos transitan nietos, bisnietos, primos y vecinos, pero ni la gritería ni el movimiento alteran a Luisa. Entonces, Aida, la que fue monja, la desafía: "Niña Luisa, ¿Gabito es su hijo?". Si, contesta a secas la madre. "¿Su primer hijo?" Si, responde firme. "Y dígame niña Luisa, ¿usted lo quiere a Gabito?" Sin dejar de girar los pulgares, niña Luisa sorprende: "No". Entonces, Gabo, Gabito, el Nobel, el colombiano mas famoso del mundo, levanta los brazos en señal de rendición: "¡Tanto que ha hecho uno, tanto esfuerzo, para que la madre no le pare bolas...!". Todos sueltan la carcajada. Este fin de año, y como en los últimos cinco, la familia se reúne en Cartagena para honrar las ocurrencias de la Niña Luisa. Gloria y drama. En 1997, el autor de "Cien años de soledad" tuvo varios motivos para festejar. En el primer peldaño de sus logros, el Nobel coloca, como cualquier mortal, la salud. Cinco años atrás, le extirparon un tumor y un 14% de su capacidad pulmonar. Para recuerarla juega tenis y no le va mal. En noviembre, otra cirugía termino de limpiarle su rostro lunarejo. No le han quedado huellas, ni siquiera donde tenia como un carozo de aceituna negra, justo arriba de la punta derecha del bigote. Tras el retoque facial debe cuidarse del sol, por eso empuña la raqueta cuando la noche cae sobre el lugar del mundo en que se encuentre.

Ahora esta en Colombia. Pero estuvo en Washington, donde dialogo con Bill Clinton tanto del escritor William Faulkner, a quien ambos admiran, como del proceso electoral en Colombia. En enero estará en Cuba junto a Fidel Castro para recibir a Juan Pablo II. ¿Que mas puede pedir un hombre obsesionado por entender ese hálito mágico llamado poder?

Por si fuera poco, en 1997 festejo la tercera década del lanzamiento de "Cien años de soledad" y el éxito de la versión inglesa de "Noticia de un secuestro". La revista "Newsweek" señaló que es el escritor vivo mas importante del mundo. ¿De que se puede quejar Garcia Márquez?

Al rey Midas de las letras lo martiriza la falta de vida privada, casi mas que cierta rebeldía de su memoria.

Custodiado. Aunque la mayor parte del tiempo lo pasa en México, cada vez que regresa a Colombia su sombra se triplica. Tres hombres con sus revólveres siempre a mano lo siguen a donde sea. Ahí va la cupe gris metalizada de García Márquez, allí detrás, a cincuenta metros, lo persigue una cuatro por cuatro blanca. ¿Una trasnochada con amigos? Los espera en la puerta hasta que el Nobel se decida a tomar el ultimo trago, lo cual demuestra que además de celo tienen una paciencia inagotable.

Una noche, el escritor festejaba cualquier cosa con un grupo de amigos entre los que estaba el periodista Pacho Santos, unos de los protagonistas de "Noticia de un secuestro", liberado sano y salvo. Cuenta Gabo que después de "varios tragos", a eso de las dos de la mañana, se les ocurrió salir a buscar la casa donde Santos estuvo secuestrado. "Oye, ¿ y como hacemos para convencer a esta vaina de la custodia para que nos dejen ir?", pregunto Pacho, quien desde su liberación también tenia asignada compañía. "Salgamos por la puerta de atrás - indicó Gabo-, y que piensen que nos fuimos a dormir un rato." Durante mas de dos horas, ambos periodistas, mas periodistas que nunca, recorrieron las oscuras calles de un barrio periférico bogotano. Hasta que Santos estuvo convencido: "Tiene que haber sido por aquí", pero descubrieron que todas las casas del vecindario eran similares por diseño oficial. Jamas podrían distinguir una aguja en un pajar. Pero alegres por la aventura, decidieron regresar a la fiesta para recuperar sus custodias y, entonces si, marcharse a dormir.

Antes, recordaba los números de teléfono como los versos de Manrique, pero ahora no se desprende de su agenda digital, que guarda junto al teléfono celular en una cartera de cuero negro. Sin embargo, luce una capacidad de concentración envidiable. Comienza un discurso sobre como escribió "Relato de un naufrago", luego deriva a la vorágine informativa que se devora las noticias, salta a un caso de manipulación informativa, ejemplifica con un caso local y termina contando una anécdota de media hora de como era la cuestión en sus tiempos de reportero. "¿En que estabamos cuando comencé?", pregunta y nadie responde porque todos continúan saboreando esa virtud que lo hizo mas popular que el café de su país, y porque nadie podría jurar donde empezó el discurso. "Ah, si, decía que 'Relato de un naufrago' ..." Como si nada, en tres segundos, García Márquez desanda todo el trayecto y retoma la rama en que comenzó a saltar hacia los innumerables brazos de su árbol de memorias. Aun así, le preocupa la huida de ciertos datos, nombres y rostros que años atrás retenía con facilidad. El, que baso su obra en bucear en las historias que oyó en su infancia, se siente disminuido. Para colmo de males, cada día observa como su madre, la niña Luisa, va y viene en el mar de los recuerdos, justo ella que lo registraba todo: un día recita una vieja canción infantil, pero otro destierra hasta el rostro de sus hijos.

Camarón dormido. El pasado desvela a todos en esa familia. Por eso, Gabito, como lo llaman, creo "rincón guapo". Cuando cada año las grandes fiestas los reúnen (el 7 de febrero se casa una sobrina y habrá "rincón guapo"), sacan una historia del arcon y cada uno aporta un trazo. Así lograron reconstruir escenas que, en una familia que no sea esta, se pierden en la hojarasca del pasado reciente. En "rincón guapo", Aida, la que fue monja, recordara cuando Gabito fue disfrazado de príncipe en un carnaval cataqueno hace apenas sesenta y seis años. "Tenia unos bucles rubios, parecía un príncipe de verdad", dirá Aida. Ligia contara por enésima vez cuando en las múltiples mudanzas tras los pasos de su impredecible padre Gabriel García, quien fue telegrafista, boticario y medico homeópata, la familia quedaba al mando de Luisa, y Gabito colaboraba por ser mayor. Entonces era el encargado de contar a los hermanos en los momentos clave: "!Madre, seis, falta uno!", gritaba tras
cruzar un río. El que faltaba era el mismo, porque para bromear omitía sumarse.

Las hijas y nietas de la niña Luisa crearon un ejercicio para detener en parte el proceso de desgaste natural en la memoria de la anciana. En un cuaderno espiralado recopilaron dichos populares que la hija del coronel Márquez uso desde siempre. Hasta el ultimo sábado de diciembre, llevaban 105 refranes. Y cada tarde, en el patio delantero del Callejón de los Nísperos juegan felices. "A ver, niña Luisa, camarón que se duerme...", "...se lo lleva la corriente", contesta la anciana sin dejar de rotar los pulgares. "El que nace para policía...", "...el bastoncillo le baja del cielo", dirá con tono monocorde.

Vivir para contarlo. García Márquez pronto publicara su libro de memorias. Allí, contara como se hizo escritor, las influencias, los amigos, las parrandas, la vida. Pero no olvida viejas pasiones. Desde hace tres años, el hombre parece dispuesto mas que nunca a atender su vieja vocación periodística. Primero, fue la aparición de "Noticia de un secuestro", una crónica ejemplar sobre el drama cotidiano de los colombianos. Luego, la creación de la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano. En este ámbito, García Márquez convoco a colegas especializados en distintas facetas de la profesión para transmitir experiencias a la usanza antigua. El contacto directo con el maestro, los diálogos que se extienden hasta la madrugada, los trucos del oficio
alejados del tono académico son todo el secreto pedagógico. Como señala el colombiano Gustavo Arango (33), quien rastreo los primeros pasos del escritor en la profesión, García Márquez busca refugio en la nostalgia para renovar pasiones (ver columna pagina 32). Solo eso puede explicar que, cuando le sobra dinero, fama, amigos poderosos y mujeres deseosas de que les firme un autógrafo en la espalda, el Nobel de Colombia dedique una semana a dialogar sin apuros con aprendices de brujo.

Así fue del 14 al 20 de diciembre. Y en una mesa compartida con doce periodistas llegados de México, Venezuela, Colombia, Ecuador, Brasil y la Argentina, el viejo reportero empieza la función: "Vean, tengo un titulo con el cual tendré que hacer algo, porque es excelente, pero si lo digo ustedes lo van a publicar...", tienta a la mesa con una seriedad monacal. "Dígalo, maestro", dice la cronista mas joven del grupo para regocijo del viejo zorro de Aracataca. A su juego lo llamaron. Abre los brazos como si fuera a dirigir la Filarmónica de Nueva York, pasea la vista por los doce apóstoles ansiosos y detiene su mirada en la cronista, que también es bonita. Entonces, inflando el 86% de su capacidad pulmonar suelta dos palabras: "Pene cautivo", dice y sonríe sin dejar de mirar a la jovencita. Ese es un García Márquez puro, luego vendrán las técnicas, los secretos, pero primero la ironía, una leve tomadura de pelo con gran estilo que en la costa de Colombia llaman "mamar gallo" y Gabo es, según sus hermanos, el "mas grande
mamagallista".

Argentina y argentinos. El cataqueno jura sentir por los periodistas argentinos una admiración que parece sincera: "Con Rodolfo Walsh trabajamos juntos en Prensa Latina, donde nos hicimos amigos. Pero yo ya conocía sus cuentos policiales, que me parecieron notables. La Argentina siempre tuvo buenos periodistas". Después recordara, como si fuera hoy, cuando en 1967 la revista "Primera Plana" envío al redactor Ernesto Schoo para entrevistarlo: "Me parecía mentira que mandaran especialmente a un reportero del nivel de Schoo para hablar conmigo durante una semana y, por si fuera poco, para la mejor revista de la Argentina ¿Donde esta Ernesto, ahora?", pregunta acerca del ex critico de teatro de Noticias y actual director del Teatro General San Martín de Buenos Aires.

Gabo no solo habla de la Argentina a partir de 1967, cuando la Editorial Sudamericana edito la primera edición de 8.000 "Cien años de soledad", que hoy lleva tirados alrededor de 30 millones de ejemplares en el circuito legal. En el '52 escribió sobre la viudez de Perón y pocos años después firmo: "Entre la multitud que se doraba al sol en la playa de Los Caracas, el domingo 19 de enero, nadie reconoció a Patricio Kelly, el líder de la Alianza Revolucionaria Argentina, que en septiembre del año pasado se fugo disfrazado de mujer de la penitenciaria de Chile". Cuando se le comenta que Kelly tiene en su piso de la calle Posadas un pequeño museo de sus aventuras (camisas manchadas de sangre, fotos extrañas, restos de guerra), el maestro pega un salto en la silla: "¿Como? ¿Vive? Cuando me dieron el Nobel recibí un mensaje suyo. `Ahora que eres famoso te olvidas de los amigos', y me pedía un libro autografiado. Se lo envié, pero nunca mas supe de el. Un dia, hablaba con alguien del servicio secreto israelí y como Kelly me había dicho que trabajaba para ellos le pregunte al del Mossad. Me dijo que con ellos no tenia nada que ver", cuenta Gabo. Se lo nota entusiasmado. "Era muy elegante. ¿Cuantos años tendrá ahora?" "¿75?" A García Márquez se le oscureció el rostro. Una andanada de años le encorvo la espalda. Y por un rato, miro sin ver. En realidad, Kelly tiene 76 años. Pero Gabo estaba convencido de que aquel hombre de "negro traje de alpaca" y andanzas alocadas era mucho mayor, tal era la impresión que guardaba desde hacia cuatro décadas. Después, ya repuesto pedirá: "Saludos a Kelly".

Historias de locos. Siempre le gusto dibujar, hasta penso dedicarse a eso, y desde siempre también fue un fabulador ejemplar. Si el hombre no fuese un premio Nobel, un maestro de periodistas, el colombiano mas respetado en el mundo, podría decirse sin eufemismos que es un mentiroso ejemplar. Para ello usa la vieja técnica aprendida de su abuela Tranquilina Iguaran, la madre de niña Luisa. "Decía las barbaridades mas tremendas, con el rostro serio e imperturbable." Cuenta una hermana de Gabito, que no es la que fue monja, que una vez en Aracataca el niñito de cuatro años entro agitadísimo a la casa. "Pasaron soldados y me hablaron", mintió y no le creyeron. "A ver, y que le han dicho", y poniendo voz de estruendo el gran fabulador puso su pincelada: "Adiós, adiós, mono Gabi".

El dibujante y el fabulador concibieron al novelista que obligó a los críticos literarios a crearle un genero especial a sus trabajos. Por su curriculum hay que tomar con pinzas sus dichos. ¿Cuanto es verdad y cuanto fantasía? Tarea inútil. Mejor disfrutarlo: "La dactilógrafa de 'Cien años de soledad', era la misma que paso en limpio a "Pedro Páramo", de Juan Rulfo y también los trabajos de Carlos Fuentes. Se entretenía comparando los estilos y nos hacia correcciones por lo general acertadas. Se llamaba Esperanza, pero le decíamos `la Pera'. Cuando me dieron el Nobel, y Rulfo y Fuentes ya estaban consagrados por sus obras, decidí buscar a `la Pera' para recordar aquellos tiempos. Tenia una memoria prodigiosa y buena parte de la literatura latinoamericana había pasado por su Remington. La encontré en Cuernavaca y me sentí afortunado hasta que me di cuenta que no me reconocía. Un familiar me tomo del brazo y me aparto de ella: `Vea, don Gabo, van para tres años que la Esperanza tiene amnesia', ¿no es increíble?". Increíble.

Las supersticiones. Esta convencido de que hay que respetar los presagios, volcarlos del lado de uno y protegerse de los malos agüeros.¿Berretines de un intelectual atipico? No, herencia familiar. "Los García Márquez sabemos cuando una persona extraña entro en la cocina - cuenta Ligia, la charlatana -, solo por la forma en que deja los cuchillos. Nosotros, después de lavarlos los dejamos con la punta hacia abajo. Siempre le tuvimos miedo al peligro."

¿Son prejuiciosos los García Márquez? Jaime, uno de los hermanos, rescata el rito de iniciación costeña: "Hay una costumbre que en otras partes de Colombia causa horror, y es que en el campo los niños tenemos relaciones sexuales con los animales. Es una forma de relacionarse con la naturaleza y nunca sentimos que cometíamos un pecado". Por eso, cuando en ese país se dice que alguien es "burrero", no significa que le guste apostar a los caballos.

Al conocer estas y otras historias del ámbito donde nació Gabo, algo de mérito hay que quitarle a su "realismo mágico". Ligia, la charlatana, nunca pudo concluir "Cien años de soledad". "Es que todos esos cuentos los vengo escuchando en casa desde que era así", dice con justa razón.

Pero razones tampoco le faltan a su hermano famoso para creer en lo increíble. Así llego donde llego. Aunque goza lidiar con lo azarozo, a veces sufre. Desde hace tres años, una extraña sensación se le ha metido en el cuerpo. Cuenta que tiene un libro inconcluso, que de ahora en mas
se llamara "el libro maldito", aunque el no le puso titulo. "Cuando escribí la primera línea sentí un escalofrío. A la segunda, tuve que levantarme con cualquier excusa." García Márquez no tiene dudas de que cuando termine ese texto se le ira la vida con el punto final. Por eso, en tres años solo escribió un capitulo y medio del "libro maldito". Muy poco para un escritor que desde la compra de su computadora remata un libro cada tres años. Antes lo hacia en siete. La historia del cuento, que esboza a regañadientes, es la peripecia de un hombre que morirá en la ultima frase. Y no hay nadie en este mundo que pueda convencerlo de que la ficción y la realidad son dos cosas distintas. Hasta el se ha creído sus propias fabulaciones.

Vivir en peligro. Paramilitares, guerrilla, amenazas.¿ Por que García Márquez siempre vuelve a su país si tiene que vivir entre guardaespaldas? "Uno llega al aeropuerto tenebroso de Bogotá y se promete que será la ultima vez. Pero a la noche se reúne con amigos. Y el primer trago trae cierta paz. Al segundo, uno cree que no todo esta tan mal. Y a la tercera copa, a la tercera copa mis amigos, Colombia es uno de los mejores piases del mundo."

Los periodistas que intentaron aprender algo del maestro no le creyeron. El mismo aconseja que un buen reportero jamas debe confiar en la primera versión de una noticia. Pero el viernes 19, lo comprobaron por sus propios medios. Jaime Abello Banfi, director de la fundación que organiza los talleres de Gabo, ofreció una fiesta con demostración incluida del colorido carnaval barranquillero. Una amplia casona de un industrial textil recibió a la docena de periodistas, a Gabo y a sus circunstancias. El maestro se volvió un par, la guayabera naranja estridente, las anécdotas a flor de boca.

La periodista mexicana de "El Financiero", ducha en eso de manejar estadísticas imposibles para otro mortal, logro llevar la cuenta de cuantos vasos de whisky con hielo pasaron a alimentar el fuego sagrado de Gabo: en las primeras dos horas, once. Después, claro, perdió la cuenta. Pero a la medianoche, nacionales y extranjeros hubieran jurado con siete cruces que Colombia, como lo adelanto el maestro, devenía por arte de magia en el mejor país de este y todos los mundos. La parranda agonizo a las tres de la mañana.

Seis horas después, fresco como una papaya, Gabo inicio el ultimo día de taller. Algunos irrespetuosos llegaron tarde, con las huellas de la fiesta en el esófago. El ultimo día, el maestro se puso serio. Dijo que "el gran riesgo en Latinoamérica es estar vivo", y se refirió al crimen de José Luis Cabezas: "Es admirable como la prensa argentina profundizo en el caso contra todas las amenazas. Y ese ejemplo deberíamos imitarlo todos los periodistas. Así comienza a derrotarse la impunidad. Como me hubiera gustado estar en esa investigación". Otra vez el reconocimiento sin vueltas a sus colegas argentinos: "Ustedes están tan lejos de todos que no pueden permitirse el lujo de hacer las cosas mal".

Traicionar al maestro. La noche anterior, al borde de las piscina que reflejaba la fiesta, Gabo aparto a tres periodistas argentinos y les confío un secreto que se perdió entre las coloridas polleras de las morenas que ascendían la cumbia a la categoría de arte mayor. Antes de que los cuatro partieran para distintos rumbos en la noche cartagenera, el maestro, el colombiano que influye mas que si fuera canciller, el padre de todos los fabuladores, dio las razones de porque no regresaba a la Argentina. Nunca en todos esos días había pronunciado ese nombre. Entonces, el exorcista tomo un sorbo corto del elixir rubio y pronuncio seis palabras que bien podrían ser el comienzo de un cuento: "Hasta que Menem no se vaya...".

Acariciando el vaso, lo dijo.


Publicado en Noticias de Buenos Aires (Argentina), el martes, 3 de enero de 1998.

 

 

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