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¿Debe un periodista cubrir información que pone en riesgo su vida y la de su familia?

Consulta enviada por: Fernando Correa Linares. Estudiante en Guadalajara, México

¿Qué tan ético es que un periodista, por dar una información, ponga en peligro a su familia? Cuando uno sabe que hay informaciones peligrosas, ¿es obligatorio darlas?

Respuesta:

La respuesta a este asunto complejo puede resumirse en las siguientes afirmaciones:

  • No existe, ni puede haberla, una norma que obligue al periodista a asumir situaciones de riesgo. Puesto que una decisión ética es personal, exponerse o no al peligro es decisión de cada uno; y esa decisión, cualquiera que sea, es respetable.
  • De hecho hay profesiones más peligrosas que otras. Las de soldado, policía, bombero o socorrista son más peligrosas que las de futbolista, pintor, tendero o constructor. Quien escoge una profesión peligrosa sabe que estará expuesto a sus riesgos. También lo sabe su familia.
  • Pero aún en el ejercicio de una profesión peligrosa se pueden escoger formas menos peligrosas de su ejercicio. El periodista que se especializa en información de farándula, o de deportes corre menos riesgo que quien debe cubrir temas de orden público, de justicia o económicas.
  • Además de los códigos, que no contienen normas al respecto, el periodista cuenta para informarse, con el testimonio de vida de los periodistas considerados ejemplares, que lo llevan a preguntarse: lo que estos y estas hicieron, ¿por qué no seguirlo?
  • En el caso de periodistas emblemáticos, como Guillermo Cano en Colombia, es evidente que él sabía que lo podían matar; y al recibir amenazas de muerte debió tener la certeza de que podía morir asesinado; a pesar de todo, continuó en su tarea de denuncia del crimen porque sentía que se lo debía a la sociedad.
  • Además, ese ejercicio profesional marcado por la amenaza y por su muerte, lo convirtió en periodista emblemático. Lo cual lleva a la conclusión de que entre los modos de ser periodista, el suyo fue calificado como ejemplar y excelente, no porque sea obligatorio exponerse a la muerte, sino porque esa eventualidad no le hace retroceder ante un deber libremente escogido.

Documentación

Un informe de la SIP reveló que los periodistas son objeto de amenazas de la violencia terrorista en Perú, El Salvador y Guatemala. En México las amenazas de muerte, el encarcelamiento y las salvajes golpizas propinadas a periodistas, a menudo con la complicidad de las autoridades, empañan la política oficial de defensa de los derechos humanos.

Lo que sucede es que los atentados contra el derecho del público a ser informado se originan tanto en los países libres como en los oprimidos, aunque se manifiestan en formas diferentes. Tanto en dictaduras decadentes, como en democracias maduras, la violencia contra la libertad de informar es una realidad.

En ambos casos se nota que hay una estrecha relación entre periodistas, informaciones, derechos humanos, libertad de expresión y  democracia. Cuando el periodista es sistemáticamente atacado es obvio que el proceso de interrelaciones se acelere y el hilo se corte por lo más delgado: la democracia. Al menos la experiencia lo demuestra.

Refiriéndose a esta aparentemente difícil y estrecha relación, el presidente de la SIP sentenciaba y advertía sobre el papel de vigilancia que debía tener toda la sociedad: “es cierto que la democracia y la prensa libre tienen enormes posibilidades en el continente, pero como instituciones son débiles y están sometidas a prueba en muchos países”.

Ricardo Trotti: La dolorosa libertad de prensa. Atlántida, Buenos Aires, 1993.  P. 105, 106.

Respondido por: Javier Darío Restrepo

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