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Foto: Pixabay.com/ Donations_are_appreciated.

¿Cómo reportear en países que atraviesan crisis como la de Venezuela?

Consulta enviada por: Teresa Pinzón Ríos. Ciber-reportera en San Cristóbal, Colombia

No nos ponemos de acuerdo al discutir sobre cómo actuar en una situación como la de Venezuela: ¿Apoyar al gobierno? ¿Oponerse? ¿Ser neutral? ¿Informar de otras cosas: deportes, farándula internacional, modas, libros?

Respuesta:

En primer lugar se necesita conciencia de la identidad profesional, o sea, saber con claridad cuál es el papel que le corresponde al periodista en la vida de la sociedad, que no es ni más, ni menos que: 1.- Un servidor, 2.- de la sociedad,-3.- mediante la información.

En segundo lugar, obtenida la definición de la identidad profesional, aplicarla en el momento de manejar la información (recolección, procesamiento, publicación). La función correspondiente es la de valerse de esa información para servir a toda la población. El ideal del periodista es que toda la ciudadanía la encuentre útil, tanto los de un bando como sus contrarios y los indiferentes.

Hay que entender que en momentos de crisis la información creíble es más necesaria que nunca.

Esto supone una fe grande en la capacidad de las audiencias para decidir a partir de una información creíble, descontaminada de propaganda.

En tercer lugar, poner todo el empeño en que se entregue una información de alta calidad, diferente en todo, de la rutinaria y tradicional gacetilla que se limita a reunir datos sin significado. No hay que descartar que, en situaciones de crisis, se agudizan los riesgos para el periodista, que se verá forzado a buscar un término medio entre los dos extremos: el de quien prefiere callar para no tener riesgo alguno; y la temeridad de quien ignora los peligros que rodean el ejercicio de la profesión.

El término medio está fijado por la conciencia profesional de que el periodista es irreemplazable en el momento de crisis y de que su información hace parte de las posibles soluciones a los problemas que afectan a todos.

Documentación

En Bosnia-Herzegovina y en Ruanda muchos periodistas se han comprometido. En estos “territorios comanche” de la información muchos han elegido su campo: con más frecuencia el de las víctimas. El periodismo estuvo amargamente dividido, constantemente se intercambiaron acusaciones de manipulación y de parcialidad, se rompieron muchas amistades en la noche y la neblina de las guerras étnicas, en los retenes de locura y crueldad humanas.

Muchos de estos periodistas comprometidos pertenecen a un círculo cercano y puedo dar fe de que siempre he preferido su capacidad de indignación y rebelión a la extraordinaria complacencia de algunos de sus colegas más atentos a los razonamientos de las cancillerías que a los gritos de las víctimas. ¿Podemos, pues, permanecer impasibles ante la barbarie? La respuesta me parece inmediata y evidente cuando los programas amenazan, cuando las bandas de asesinos sacan sus armas, la urgencia prohíbe la neutralidad. "Todo periodista debería ser objetivo”, decía Elie Wiesel, “pero un periodista no puede ser neutral. La neutralidad no puede herir al verdugo, solo perjudica a la víctima. No podemos pedir a los periodistas que dejen de ser humanos para hacer bien su trabajo”

El debate sobre el periodismo comprometido siempre viene provocado por aquellos acontecimientos que chocan con la conciencia humana, que ofenden la razón y que traspasan la imaginación. Decenas de periodistas locales e internacionales y miles de defensores de los derechos humanos se han arriesgado increíblemente e incluso han pagado con su vida para testimoniar y denunciar las atrocidades.

Jean Paul Marthoz en Sin humanidad el periodismo no es más que mero negocio de propaganda. Icaria, Barcelona, 2002. P. 203, 204.

Respondido por: Javier Darío Restrepo

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