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Foto: Freepik - Compartida bajo licencia Creative Commons

¿Hay regulaciones éticas en la caricatura?

Consulta enviada por: Rafael Echeverry. Periodista independiente en Medellín, Colombia

La demanda contra un caricaturista fue comentada desde el punto de vista político y de libertad de prensa, pero ¿hay una regulación ética de la caricatura?

Respuesta:

Antes de la respuesta ética, cuenta una definición de la caricatura, un género periodístico de naturaleza compleja. Ha sido descrita como el recurso periodístico “que deja entrever los pies de barro en el bronce de las estatuas”; la caricatura “dice callando”, “sugiere en breves rasgos dilatados procesos de análisis”, con la contundencia “de un disparo”.

El caricaturista “ejerce una crueldad necesaria”, recoge motivos, debilidades y quita máscaras, es “un vidente de los pecados que se ocultan”, pero más que demoledor o panfletario es creador; “no está pendiente de los gestos sino de los pensamientos”, “sus desfiguraciones contienen una acusación”; tiene “la simplicidad y el filo de una cuchilla de afeitar”; es, finalmente, alguien que con el despertador de la risa no deja dormir a la sociedad.

Así descrita, la tarea del caricaturista le exige unos valores éticos. Anotaba Álvaro Gómez Hurtado en un ensayo sobre el caricaturista Osuna, que “no se ha de usar el lápiz para la calumnia y la afrenta”. Aunque lo suyo es la crítica social y política, el caricaturista preserva su peso moral y su influencia si respeta al otro y rodea delicadamente el cercado de los derechos ajenos, al mismo tiempo que vela por la integridad de la verdad, teniendo en cuenta que el humor todo lo relativiza. Ante él desaparecen los artificios y las máscaras; él hace ver la verdad desnuda y sin matices, esos que los creyentes en las verdades absolutas son incapaces de asimilar.

A estos dos valores, respeto del otro y compromiso con la verdad, el caricaturista agrega su sentido de responsabilidad con la sociedad. La sirve con esa actividad permanente de despertador de las conciencias.

Si su trabajo tiene la velocidad y contundencia de un disparo, no ha de ser para el solo entretenimiento sino para que la defensa y estímulo del bien común guíen su lápiz o su pincel con una independencia rigurosa. A nadie le gusta que sus defectos y yerros aparezcan, el caricaturista lo sabe, y sin embargo, está seguro de que, como los profetas que ayudan a leer y entender la historia, puede ser apedreado. Hace sonreír, pero es consciente de moverse en las fronteras del conflicto.

Documentación

El caricaturista es el vidente de los pecados hechos hombres y sucesos.

La caricatura pertenece, como todas las irónicas, a las artes antisociales.

Fernando González, en Rendón. P 29 y 30

(La caricatura) el arte de decir callando y de sugerir en breves rasgos dilatados procesos de análisis perfecto. Hay caricaturas que reemplazan, con éxito brillante, editoriales, controversias y campañas.

Analizan la miseria humana para exhibirla y castigarla.

Su arte deja entrever los pies de barro en la estatua de bronce, el torpe gesto dentro del conjunto solemne, la comicidad en medio de la olímpica actitud, lo pintoresco en medio del drama.

Guillermo Valencia. 1936.

Sus trabajos llegan a la más grande simplicidad y a la penetración más astuta y mordaz de la sicología del mundo político.

Se dan (en el caricaturista) la gracia, el aliento cómico, la capacidad de ver en el fondo mismo de las cosas convencionales. Su indignación contra todas las formas de la miseria y la explotación de los hombres.

(El caricaturista) más que un simple demoledor o panfletario es el creador de un mundo político… Sus personajes acaban siendo más veraces y auténticos que los que figuraban en el campo político.

Alberto Lleras Camargo,  Marzo de 1976.

(El caricaturista) ejerce una crueldad necesaria que hoy nos puede parecer excesiva pero es la representación impresionante y bastante justa.

Los caricaturistas tradujeron las variables situaciones de la vida nacional y de la conducta de los jefes políticos.

Carlos Lleras Restrepo.

El caricaturista conoce tan bien a los seres humanos que conoce incluso el espacio reservado a su propio Ángel de la Guarda.

Organiza las situaciones más complejas de un modo que solo él conoce para reducirlas a un símbolo único con la simplicidad y el filo sangriento de una cuchilla de afeitar.

No está tan pendiente de los gestos como de los pensamientos menos pensados que se quieren esconder detrás de las palabras.

Gabriel García Márquez: La historia vista de espaldas.

La desfiguración que hace el caricaturista casi siempre envuelve una acusación.

La caricatura no debe trabajar sobre falsedades absolutas. Ello no sería sino una agresión burda, como pueden serlo un insulto o una bofetada.

Lo que el público exige es que la caricatura sea fina, elegante, sutil y, hasta donde sea posible, risueña.

Hay dibujantes que prescinden de estas calidades y usan el lápiz para la calumnia y la afrenta, amparándose en una inmunidad cuyas contraprestaciones han desconocido.

Su efecto (el de la caricatura) es milagroso, instantáneo, como el de un disparo.

Álvaro Gómez Hurtado en Uno de los mayores críticos de nuestro tiempo.

(Textos tomados de Rendón, libro homenaje a Ricardo Rendón, y Osuna de Frente, de El Ancora Editores)

Respondido por: Javier Darío Restrepo

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