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Foto: Unsplash, compartido bajo licencia Creative Commons

El debate sobre la ética periodística y la religión en Colombia

Consulta enviada por: Wesley Tomaselli. Periodista independiente en Bogotá, Colombia

Existe un punto de vista que dice que la ética en Colombia está fundada en la moralidad católica. ¿La modernidad ha fortalecido la ética en Latinoamérica? ¿Ha contribuido a su erosión?

Respuesta:  

Los principios éticos que rigen la vida de los colombianos fueron expuestos, inicialmente, por misioneros españoles que predicaron los principios morales del catolicismo. Es un hecho que tiene dos caras: una positiva y otra negativa.

Es positivo porque indujo una búsqueda de lo correcto y unas valoraciones morales de los actos fundadas en las elementales distinciones entre lo correcto y lo incorrecto, lo bueno y lo malo, tal como se encuentra en las Escrituras: los diez mandamientos, su ampliación en el Deuteronomio y en la predicación de Jesús. Ese sentido de la moral llegó a ser parte de la cultura nacional y de ahí provienen los valores que se les reconocían a los colombianos: el espíritu de trabajo, la honradez en los negocios y en la vida diaria, la solidaridad, el sentido del honor, que aún subsisten aunque su solo enunciado parezca un anacronismo. Esos valores, los que subsisten y los que se echan de menos, que se reconocen como irreemplazables para una vida en sociedad, tienen su origen en aquella remota catequesis.

Sin embargo esa evangelización llegó a ser un factor negativo, como lo ha puesto en evidencia la modernidad, porque descartó el ejercicio de la libertad en las decisiones éticas y la reemplazó por el miedo al castigo.

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Siendo la ética autónoma, esa pedagogía misionera la hizo parecer heterónoma, es decir, impuesta desde afuera, y sacrificó, así, su valor esencial: la decisión libre, que hace a cada persona legisladora de sí misma, según la expresión kantiana.

Este fenómeno se ha repetido en todos los lugares por donde pasó la acción misionera de los catequistas españoles.

La modernidad, en cuanto ha vuelto la conciencia a los valores de independencia y libertad, o destacado otros valores como la autonomía o los de la vocación social de los humanos, ha creado un ámbito propicio para el crecimiento y maduración de una conciencia ética. No se puede generalizar diciendo que antes eran más o menos éticas las personas; solo se puede concluir que hoy se ha progresado en el conocimiento de la ética, que las conquistas sociales en materia de libertad, en el fomento de un  ambiente de tolerancia y respeto de los derechos ajenos, crean un clima propicio para el ejercicio y conocimiento de la ética.

Envía aquí tu consulta sobre ética periodística. 

Documentación

Una ética real y efectivamente preocupada por la persona habría de descubrir y reafirmar la individualidad, la solidaridad de la convivencia y la  comunicación personal.

Especialmente conflictiva puede ser la situación en que la persona es supeditada a los intereses de la sociedad un punto delicado sobre el que repetidas veces se ha expresado la doctrina de la Iglesia….

… Para los cristianos resulta fundamental la reflexión de san Pablo sobre la libertad que les ha concedido Cristo respecto a las normas rituales de la antigua ley. Y en términos aún más profundos repiten las palabras del evangelio de san Juan: la verdad os hará libres….

… Junto al valor de la verdad y la libertad, la fe cristiana considera imprescindible el valor ético de la fraternidad. Hijos del mismo Dios, los seres humanos no pueden comprenderse como adversarios, ni tan solo como vecinos o conciudadanos. La fe en la paternidad de Dios conlleva, necesariamente, la confesión de la fraternidad humana.

La afirmación de la fraternidad entre los seres humanos determina la ética cristiana – como podía ocurrir en éticas filosóficas como la kantiana —una firme defensa del carácter final del ser humano, que, por ninguna razón, puede ser reducido a la categoría de medio o instrumento para la consecución de otros fines distintos a él mismo.

José Román Flecha, en Ética cristiana y medios de comunicación. P. 93, 94.

Respondido por: Javier Darío Restrepo

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