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Foto: Unsplash, compartida bajo licencia Creative Commons

“La politización de la paz pervierte su naturaleza”

Consulta enviada por: Wesley Tomaselli. Periodista independiente en Bogotá, Colombia

Hay la propuesta de utopía por parte de Santos (La Paz) y la propuesta distópica del Uribismo (Venezolanización y entregarse el país a las FARC). ¿Qué piensas de estas dos propuestas? ¿Las dos son éticas? ¿Las dos inéticas?

Respuesta:

Las dos son parte de una visión maniquea que ha convertido a los colombianos en dos bloques inconciliables, separados por un abismo de odios en que la paz es lo menos importante, y la prevalencia de un líder o un partido político, lo que realmente importa.

En la raíz de este fenómeno se encuentra la conversión de la paz en un asunto político. La politización de la paz pervierte su naturaleza. La paz nace en la conciencia individual y responde a requerimientos del espíritu; sólo después puede llegar a ser la utopía de los políticos y gobernantes. En términos escuetos, la paz es un objetivo que les queda grande a los políticos que, sin embargo, tienen el poder de degradarla y convertirla en un ideal imposible.

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Cuando se examina este fenómeno desde la ética aparece, en primer lugar, la subordinación del bien público el interés particular o de un gobernante, o de grupo o partido político. Pero la paz no es nada distinto del bien de todos, que debe ser buscado y construido por todos. Tiene el carácter de utopía porque nunca se alcanza totalmente, pero debe buscarse siempre. Y es esta calidad la que la convierte en un objetivo inalcanzable para un político que, apenas si puede aspirar a crear las condiciones sociales y políticas para obtener la paz.

También desde la ética esas propuestas, como publicidad política que son, niegan la verdad, son mentiras a medias que tienen como efecto minar la confianza en las personas y en las instituciones; son, pues, genuinos productos de la posverdad en cuanto dejan la verdad atrás y le dan vía libre a la falsedad.

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Documentación

La búsqueda de la paz no puede terminar nunca, es una causa permanente que necesita siempre el apoyo de amigos reales, de pueblos con coraje que promueven el cambio a favor de la paz, incluso contra todas las posibilidades.

La paz no es cuestión de premios o trofeos. No es producto de una victoria ni de un mandato. No tienen línea final, ni plazo no conclusión definida.

La paz es un proceso sin fin, el resultado de muchas decisiones tomadas por mucha gente en muchos países. Es una actitud, una forma de vida, una manera de resolver problemas y de solucionar conflictos. No puede ser impuesta ni forzada. Requiere que la trabajemos y la vivamos juntos.

La paz no es solo asunto de nobles palabras. Tenemos cuantiosas palabras, gloriosas palabras inscritas en las cartas de Naciones Unidas, de la Corte Mundial, de la Organización de Estados Americanos (OEA). Necesitamos hechos que respalden esas palabras, que honren esos compromisos y que respeten esas leyes. Necesitamos fortalecer nuestras instituciones de paz, asegurándonos de que tanto los débiles como los poderosos puedan utilizarlas plenamente.

Una paz verdadera puede ser abrazada genuinamente por los que marchan bajo un estandarte ideológico diferente a los que están más acostumbrados a los cañones de guerra que a los concilios de paz.

Óscar Arias Sánchez, Discurso de aceptación del Nobel de paz de 1987.

Respondido por: Javier Darío Restrepo

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