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Foto: Pixabay / Creative Commons.

¿Hay que ser buena persona para ser buen periodista?

Consulta enviada por: Gabriela Lourdes Vélez Bermello. Docente en la Universidad Eloy Alfaro de Manabí, Ecuador

Según Ryszard Kapuscinski para ser buen periodista hay que ser buena persona. Pero ¿qué es ser buena persona?

Respuesta:

Kapuscinsky  cita a George Simmel: “El individuo no se forja sino en un proceso de relación, de maduración con los otros”. Y agrega que “los otros son el espejo en que nos reflejamos y nos hace conscientes de quiénes somos” (Kapuscinsky 66).

De donde puede concluirse que el humano que se ha forjado como bueno, se lo debe a la relación con el otro, que lo ha hecho salir de sí para actuar y crecer en función del otro. Buena persona, por tanto, es el que vive en función del otro.

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A su vez, Peter Singer cita a Maimónides quien al describir la escala de oro de la caridad describe el proceso que culmina en la buena persona. Ese ascenso, desde lo más elemental hasta lo máximo de la aparición de la buena persona, comienza por el nivel más bajo:

  1. Dar con reluctancia.
  2. Dar alegremente pero no en la proporción de la necesidad de la persona beneficiada.
  3. Dar alegre y proporcionalmente pero respondiendo a una petición.
  4. Dar alegre y proporcionalmente sin que haya solicitud previa.
  5. Dar sin conocer al beneficiado aunque este sí conoce al benefactor.
  6. Dar conociendo a quien beneficiamos sin que los beneficiados conozcan al benefactor.
  7. Ni se sabe a quién se beneficia, ni quién es el benefactor.
  8. Anticiparse a la necesidad y ayudar al otro para que no necesite en el futuro otra ayuda.

Esta concentración en la liberadora relación con el otro, que es el más alto nivel de una buena persona, muestra y demuestra que el desarrollo de alguien como persona está definido por su relación con el otro, más que ninguna otra actividad o actitud.

Así como la ética nace con el Otro y el cuidado, la buena persona sigue el mismo proceso y se construye en y por esa relación.

Ryszard Kapuscinski: Encuentro con el otro. Anagrama, Barcelona 2007.

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Documentación

En términos concretos esta historia se reduce a poca cosa: un trabajador civil italiano me llevó cada día, durante seis meses, un trozo de pan y los restos de su rancho, me dio un chaleco de su propiedad, lleno de zurcidos, en Italia escribió una postal por mí y me hizo llegar la respuesta, por todo esto no pidió ni admitió compensación alguna porque era bueno y simple y no pensaba que tuviese que hacer el bien por una compensación. Creo que el continuar con vida (en el campo de  concentración) se lo debo especialmente a Lorenzo, no tanto por su ayuda, como por haberme recordado constantemente con su presencia, con su modo llano y fácil de ser bueno, que aun existía un mundo justo fuera de aquel, algo y alguien que todavía era puro e íntegro, no corrupto, no brutal, ajeno al odio y al miedo, algo muy difícil de definir, una remota posibilidad de bien, merced a la cual merecía la pena sobrevivir.

Los personajes de estas páginas no son humanos. Su humanidad está sepultada, o ellos mismos la han sepultado bajo una ofensa sufrida por ellos o infligida a otros. Los malignos y romos SS, los kapos, los políticos, los criminales, las personas destacadas, grandes, pequeñas, hasta los anónimos y esclavizados prisioneros, todos los peldaños de la demencial jerarquía creada por los alemanes se fraternizan paradójicamente en una unitaria desolación interna.

Pero Lorenzo era un hombre; su humanidad era pura e inmaculada, él estaba fuera de ese mundo de negación. Gracias a Lorenzo logré no olvidarme de que también yo era un hombre.

Primo Levi: Si esto es un hombre. Einaudi, Turín 1987. P. 150, 153.

Respondido por: Javier Darío Restrepo

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