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Foto: Unplash/ Samuel Martins - Compartida bajo licencia Creative Commons.

5 consejos para evitar efectos negativos con una noticia

Consulta enviada por: Raimundo Espinosa. Editor periodístico en estación de radio religiosa. Quito, Ecuador

Los informes que publico son escuchados por viejos creyentes que se confunden y escandalizan cuando se trata de detalles de la crisis de la Iglesia hoy. ¿Cómo manejar esas noticias sin hacer daño? ¿Publicarlas? ¿Silenciarlas?

Respuesta:

Sea en medios religiosos o en cualquiera otra clase de medios, la información que tiene en cuenta los efectos que las noticias producirán en los receptores, es de alta calidad.

En cambio, la preocupación dominante sobre si la información elevará o no los niveles de sintonía o de circulación debe ser reemplazada por la de las consecuencias buenas o malas, provechosas o dañinas de la información. Y crear confusión o escándalo siempre será dañino.

Esto es lo que puede suceder tanto con la omisión de la información, como con su mal manejo.

Hay mal manejo cuando se destaca lo sensacional por sobre lo objetivo (y, valga el ejemplo, la información sobre pederastia clerical ofrece evidentes aspectos de sensación) también cuando la información es incompleta porque solo se destaca lo negativo, y se vuelve gris y casi invisible, lo positivo.

1. La prácticas del buen periodismo orientan que ante estas noticias se deben aplicar los siguientes principios:

2. Informa; no calla. Aún el más fervoroso de los creyentes necesita una buena información que le permita entender lo que está sucediendo.

3. Fortalece su credibilidad. Esta clase de noticias es útil cuando se la puede creer, a pesar de la desazón con que puede ser recibida.

4. No se limita a la cifra estadística, o al registro escueto de los hechos; además los explica. Sitúa la noticia entre los antecedentes, contextos y proyecciones y, además, aporta opiniones de fuentes plurales y diversas y examina las consecuencias previsibles de los hechos.

5. Estimula la formulación de propuestas para prevenir el mal, para reparar los daños y para garantizar la no repetición en el futuro.

6. Lleva a cabo estas operaciones con el objetivo claro y firme de servir al receptor de la información. Este objetivo excluye cualquier otro interés del periodista.

Documentación

Una consideración un poco atenta a la actividad que se ejerce en los medios lleva a la conclusión de que el periodismo es un fenómeno de interpretación y, más exactamente, un método para interpretar periódicamente la realidad social del entorno humano, método que comporta unos hábitos y unos supuestos. El periodismo puede entenderse como un método de interpretación de la realidad social.

La interpretación consiste básicamente en lo mismo que consiste cuando se habla de interpretación de las leyes por los legisladores y juristas, la interpretación de las lenguas por los traductores, la interpretación de las obras artísticas por actores o músicos o la interpretación de los actos de los demás que hace cada uno en la vida corriente. Interpretar es algo que siempre tiene dos caras o aspectos: comprender y expresar. Si el intérprete ha comprendido mal, expresará mal, pero solo en la expresión podrá juzgarse y tratará de probarse si ha comprendido mal.

La realidad a la que se refiere la interpretación periodística es la realidad social. No pretende el periodista interpretar lo que sucede en la intimidad de las consciencias, ni en las profundidades del inconsciente. Es la realidad humana social en la medida en que produce hechos la que aspira a interpretar.

La interpretación periodística permite descifrar y comprender por medio del lenguaje la realidad de las cosas que han sucedido en el mundo y se completa con el esfuerzo, también interpretativo, de hacerse cargo de la significación y alcance que los hechos captados y escogidos para su difusión, puedan tener. El comentario de los hechos llega incluso a tratar de descifrar e interpretar el futuro, especialmente el futuro deseable, para indicar cómo podría alcanzarse.

Lorenzo Gomis: Teoría del periodismo. Paidos, Barcdelona, 1997. P. 35, 36

Respondido por: Javier Darío Restrepo

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