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Foto: Pixabay.com - Compartida bajo licencia Creative Commons.

¿Es correcto que un periodista pose junto a un político para una foto?

Consulta enviada por: Julio César Talledo, Colombia

¿Hay alguna norma ética sobre la práctica de periodistas que posan con los políticos triunfantes en una jornada electoral?

Respuesta de Mónica González:

Lo que la experiencia me indica es que incluso si hubiera una norma ética de ese tenor en protocolos de organizaciones de periodistas de un país determinado, esta no sería observada. Lo que sí he palpado es una exigencia creciente de los ciudadanos: que los periodistas tomen debida distancia de los actores de los que informan, escrutan e interpelan. De las figuras del poder. Eso implica que si un periodista quiere ser creíble y respetado, por el poder y por sus pares, debe evitar manifestaciones públicas que den cuenta de su militancia partidaria y de que comparten amistad y complicidad con los actores del poder en los mismos espacios sociales. Se les exige tomar debida distancia para así, llegado el momento, poder actuar con independencia real cuando deba interpelar a ese político por un acto de corrupción o una política mal diseñada o aplicada y que tuvo costos para la población.

Una fotografía pública con un político que acaba de salir triunfante de una jornada electoral, no es precisamente una señal de independencia.

Respuesta de Gumersindo Lafuente

Creo que el periodista no debe ser protagonista de la noticia. Hay excepciones (pocas) pero esta que señala no es una, desde luego. Por supuesto, los periodistas tenemos nuestras preferencias políticas, pero en nuestro trabajo deben quedar ocultas, estamos obligados a esforzarnos por ser lo más ecuánimes posibles y, por supuesto, a parecerlo. Habrá políticos que salgan malparados por nuestras informaciones y otros que queden en mejor lugar, pero siempre con los hechos por delante, no poniendo nuestras preferencias personales. Por lo tanto,  fotografiarse con un candidato que acaba de ganar unas elecciones es un grave error.

Respuesta de Javier Darío Restrepo:

1.- Superiores a las normas son los hechos reales que, en este caso, son convincentes: 1.- la relación con el poder, que pone en duda la independencia y, por tanto, la credibilidad del periodista.

2.- La imagen del político triunfante con el periodista en el momento de la victoria electoral puede ser vista por la audiencia como un compromiso con el político y/o como un gesto oportunista.

Cualquiera de los dos hechos, o ambos, resultan destructores de la calidad indispensable para un periodista: su independencia

Sin independencia el periodista es nadie para el receptor de sus informaciones, de donde resulta que, contrario a un pensamiento común, no es la revelación de más noticias o de exclusivas lo que construye la importancia de un periodista, sino el hecho de que se le pueda creer.

La relación con los poderosos, o con fuentes influyentes puede crearle al periodista situaciones difíciles, cuya solución demanda una firme e inequívoca independencia. Es tan exigente en esto la audiencia, que no basta que el periodista sea independiente, además debe parecerlo, para que merezca la confianza de cuantos reciben su información.

Confiar en alguien es tener fe en esa persona. Y en último término, el periodista debe merecer la fe que en él depositan las audiencias. Tan exigente y de fondo es la relación que se establece entre un periodista y los que reciben su información.

Envía aquí tus inquietudes sobre ética periodística.

Documentación

Un informe del latinobarómetro (2010) muestra cómo entre 1996 y 2010 para los latinoamericanos los medios pasivos fueron perdiendo lentamente su lugar como fuente de información política.

La televisión sigue siendo la principal referencia, con más del 80% de menciones como fuente de información sobre política; la radio más o menos mantiene el segundo lugar con un 50%, seguida por los medios gráficos, con un tercio menos de menciones. Menos de dos personas de cada diez mencionan a internet como fuente, lo que habla de la brecha informacional de nuestras sociedades y relativiza la explicación de que las tecnologías sean la razón principal de la crisis de los medios. Lo que crece sustancialmente desde 2002 es la importancia de la familia y los conocidos como referencia informativa.

Es la necesidad de que la información venga de un conocido confiable lo que potenció las redes sociales y no al revés, circunstancia que muestra que más allá de ls transformaciones radicales sigue intacta la necesidad del contrato de confianza que respalda la información. El consumidor fue el primero que entendió  que, en el negocio de laos medios, la información dejó de ser un bien escaso y sobra en todos los formatos y canales. Por tanto, ya no demanda a los medios contenidos, sino lo que falta y que, por eso mismo, se convierte en más valioso, en tanto es de escasa oferta: la confiabilidad.

Adriana Amado en Nuevos Desafíos del periodismo actual. Ariel,  Buenos Aires, 2014.  P. 139, 140.

Respondido por: Mónica González, Gumersindo Lafuente y Javier Darío Restrepo

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