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Foto: kordi_vahle/ Pixabay.com - Compartida bajo licencia Creative Commons.

¿Cómo abordar desde el periodismo temas ambientales o de minorías?

Consulta enviada por: Walter Durango. Estudiante de comunicación en Guadalajara, México

Lo he visto en la página web de la FNPI y quiero saber qué consejos debe dar un editor a los periodistas involucrados en causas ambientales, o de derechos de las minorías.

Respuesta de Mónica Gonzalez:

Creo que los problemas de medioambiente, cada vez más importantes en nuestra región, ameritan una respuesta separada. Los conflictos del medio ambiente, en general, están asociados a graves problemas de corrupción del sistema. Empresas que pagan prebendas ilegales para que autoridades políticas, ambientales o judiciales (o todas ellas) cierren los ojos y aprueben sus proyectos, o no las obliguen a hacer mitigación de daños (costosa) o no les paralicen las obras o no cobren las multas ante los daños que provocan. En episodios de distintos países ha quedado demostrado que también logran cooptar a organizaciones sociales y sindicales y ONG’s. Pero también, la experiencia indica que en estos conflictos hay actores interesados que buscan extremar los hechos entre blanco y negro. Lo que no es efectivo, porque se abre paso una regulación más efectiva y una política de empresas que busca respetar normas y mitigar daños. Por ello:

a) Conocer a fondo en cada país cómo funciona el sistema legal que debe pasar un proyecto que conlleva impacto medioambiental: su aprobación, los requisitos, las instancias de apelación, los controles, las denuncias a dónde van, las instituciones que participan en cada etapa, los expertos y en cuáles etapas intervienen las comunidades.

b) Debemos pasar a TODOS los actores por el cedazo, incluyendo a los denunciantes. Para eso es imprescindible conocer en una línea de tiempo mínima los actores que han participado en la aprobación y control de un proyecto.

Respecto de la empresa que se sindica como depredadora del medioambiente, revisar en internet si en otros países no ha enfrentado denuncias y juicios similares.

c) Estudiar los temas para entender los impactos, pedir asesoría de expertos que sean realmente independientes y verificar que, si son universitarios, sus proyectos de investigación no estén financiados por empresas del rubro en conflicto.

d) No quedar cazados en la disyuntiva entre medioambiente o empleo y desarrollo. Muchas veces, las empresas que buscan a como dé lugar iniciar una explotación que dañará el medioambiente o contaminará las fuentes de agua, ponen sobre la mesa los empleos que generará para la misma región esa explotación. Y lo que sus habitantes perderían si les rechazan el proyecto. Ese argumento es una maravilla para alcaldes corruptos. La realidad indica que nada es blanco o negro: hay caminos intermedios para preservar la vida.

Derecho de minorías

En este tipo de conflictos, el factor más difícil en la práctica ha sido separar el periodismo del activismo en la recopilación de testimonios y episodios de abusos. Un problema que se da, por ejemplo, con problemas que enfrentan minorías indígenas o étnicas, de identidad de género y recientemente con las denuncias masivas de abusos de mujeres. Es frecuente que los periodistas se identifiquen con esas causas y se les hace difícil hacer la separación.

Pero debemos tomar distancia. Así, podremos identificar a tiempo los hechos que no corresponden a la realidad, denuncias que buscan figuración pública o aquellas que responden a intereses o venganzas personales. Solo con rigor podremos evitarnos la vergüenza de provocar daño. Hay que medir las consecuencias. Que no es lo mismo que cautela, censura o temor.

Respuesta de Gumersindo Lafuente

Como en toda la práctica periodística es fundamental estar bien documentado. Conocer y comprender a fondo de lo que vamos a hablar o escribir. Documentarse sólidamente antes de abordar el tema y por supuesto antes de empezar a entrevistar a los protagonistas de la información.

En el caso de los derechos de las minorías nos movemos en un ámbito especialmente delicado en el que hay que tener muy en cuenta las características específicas de cada colectivo y las normas jurídicas de cada país, pero sin olvidarnos de la doctrina que sobre el tema tiene asentada Naciones Unidas.  

En el caso de las causas ambientales, hay siempre varios actores a los que hay que tener en cuenta. Por ejemplo, si hablamos de una denuncia contra una empresa por contaminación, será fundamental, además de escuchar a los denunciantes (probablemente una organización ecologista local o nacional) y a los portavoces de la empresa, hablar también con los vecinos, con las autoridades locales o provinciales responsables, con los trabajadores o sus representantes y chequear en organismos oficiales los datos de esa compañía, poniendo especial atención en su posible historial de irregularidades o sanciones. También, si es una compañía trasnacional, verificar los códigos de conducta que aplica en las factorías de otros países para comprobar si son más o menos exigentes. Y, por supuesto, verificar en el historial de la compañía si ha tenido algún tipo de relación económica con responsables políticos o técnicos que tengan que ver con las licencias o inspecciones que afecten a su actividad.

Respuesta de Javier Darío Restrepo:

Las normas que consigna el Manual de Redacción del diario El Tiempo, de Bogotá, incluyen esta: "la responsabilidad que el periodista tiene de acercarse lo más posible a la objetividad, cosa que logra si se distancia de los hechos y los analiza con frialdad". ( Manual de Redacción 1.02.03) A esta norma agrega otra que es su consecuencia: “las páginas del periódico no aceptarán jamás que un periodista haga campañas de ninguna índole”. ( 1.02.10)

El lenguaje de un periodista es el de los hechos comunicados y explicados a una audiencia universal; así, su lenguaje y sus noticias se distinguen por su universalidad. Esto excluye cualquier interés que no sea el de toda la población. A toda la población conviene la preservación del medio ambiente, lo mismo que los derechos de las personas, pero de estos han de hablar los hechos y no el lenguaje publicitario impostado a la información.

En el fondo de esa actitud late una profunda fe en la fuerza comunicativa de los hechos, más convincentes que cualquier discurso o imagen. Esa fe en la contundencia de los hechos es la que inspira al periodista cuando trabaja para conocerlos de la  manera más completa posible, y para comunicarlos con todo su vigor y elocuencia, sin necesidad de los recursos de imaginación y creatividad de las  campañas publicitarias.

La objetividad o distanciamiento con que el periodista analiza los hechos “no significa apatía o desinterés”, explica el citado Manual de Redacción, sino fe en los hechos y en la capacidad de comprensión de la historia diaria, de las audiencias.

Documentación

Los principios que dan forma a la imparcialidad y la objetividad se encuentran en el corazón de todo buen periodismo. Los dos hablan sin ambages de la obligación de suministrar, por todos los medios disponibles información de calidad, precisa, auténtica y libre de riesgos, tendencias, o favoritismos para que el público pueda entender claramente los acontecimientos y adoptar sus propias decisiones.

Las audiencias merecen – y pagan por ello- una visión razonablemente exacta y puntual del mundo en que viven, y todo esfuerzo debe tener como finalidad asegurarse de que los hechos son correctos y de que la información se presenta dentro de su contexto.

Publicar información incorrecta, apresurada o dictada por los prejuicios, además del daño que puede inferir a las personas implicadas, es un deservicio al público y un modo seguro de erosionar la credibilidad del periodismo. Obviamente quien no se somete a una instancia autorreguladora ni a los códigos éticos de los diarios de información general, viola unas elementales premisas profesionales.

Roger Jiménez en Cien casos ,Universitat de Barcelona  2014. P. 93, 94

Respondido por: Mónica González y Javier Darío Restrepo

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