Un político local distribuyó entre los periodistas sobres con dinero, en el curso de una campaña para senado.
John Moreno
Redactor
Llano 7 días
Villavicencio, Colombia
El lector, oyente o televidente que llega a conocer esas componendas, les dará el calificativo obvio. Para él serán periodistas y medios vendidos
Y si algo no admite un receptor de información es que su informador sea alguien “vendido”. Porque esto implica que su información es falsa, o dada a conocer de acuerdo con los intereses de quien paga.
Hoy las personas que reciben información demandan algo más que la sola información; para ellos es una necesidad poderle creer a alguien. Una información veraz, por tanto no basta, debe creerse y esta es una exigencia severa que no llega a satisfacer cualquiera que se vende a un empresario, a un político, a un gobierno o a una institución.
Lo anterior implica que el periodista y el medio subordinen su interés económico al máximo interés de informar bien para merecer credibilidad, y así prestar el servicio que el periodista le debe a la sociedad. No hay por tanto excusa alguna en las limitaciones económicas del medio o del periodista. Si son limitaciones tales que hacen imposible un ejercicio honesto de la profesión, tanto la empresa como el periodista deben buscar su dinero mediante otra actividad, porque es inaceptable que toda una comunidad esté condenada a recibir información de mala calidad, porque ese es el precio que imponen las necesidades insatisfechas de sus periodistas.
Una información contaminada de propaganda preelectoral no puede ser el precio que deba pagar una sociedad para que un periodista pueda comer.
En un caso así, cambiar de oficio es lo más decente de cara a la sociedad, y l a única alternativa digna cuando no se puede cumplir con ella y con la propia profesión.
Documentación.
Hasta los mínimos errores minan la confianza en los periodistas. Cada palabra mal escrita, una coma de más, construcciones gramaticales fallidas, aumentan el desprestigio del periodista y de la publicación.
La verdad es que a los lectores no les importa si el periodista corría contra el tiempo, si había tres periodistas menos trabajando ese día o si el editor estaba muy ocupado para detectar las fallas de redacción. Les interesa que el resultado sea bueno.
A pesar de que la opinión pública siente que el papel de la prensa es reportar la verdad, aunque sea dolorosa o conmovedora para mucha gente, fue desmotivante en un estudio comprobar que el 73% de los adultos están cada vez más desconfiados de la veracidad de las noticias; y que el 66% cree que los diarios publican las noticias sin comprobarlas.
Los diarios y la televisión son percibidos como fuentes amplias de noticias e informaciones y cada una es vista con ventaja competitiva. Las quejas de los lectores acerca de las equivocaciones y faltas en los diarios son consecuencia de la imagen que el público tiene sobre ellos, en cuanto tienen ventajas sobre la televisión porque hacen investigación más cuidadosa, ofrecen mejores explicaciones y detalles en las informaciones y son más acuciosos.
La televisión por su parte es apreciada como el medio que tiene dos ventajas, con respecto a los diarios: inmediatez y globalización.
Y dos debilidades: mayor énfasis en las personas que en los temas y mayor preocupación por las ganancias que por los intereses del público.
Información de la Asociación Nacional de la Prensa, ANP, mayo-junio 1999, Santiago. Página 7.

En el periódico de San Luis el director periodístico es una persona que fue candidato en las elecciones y asumió como concejal en un municipio. Actualmente ejerce los dos cargos y en el periódico ha publicado notas sobre su trabajo como político. ¿Es ético? ¿Qué debería hacer el periódico?
Guillermo Villalba
Periodista
Merlo San Luis, Argentina
La incompatibilidad entre políticos o funcionarios en ejercicio y periodistas es evidente porque reúne en la misma persona al fiscalizador y al fiscalizado, al periodista y al publicista, al dependiente del poder y al profesional que debe ser independiente y distante del poder.
Como son términos que se contradicen, mal pueden coexistir en la misma persona.
Salvo que el político asuma funciones de gerencia totalmente alejadas de las tareas editoriales.
Si no es así el periódico quedará condenado a ser un boletín de propaganda de un movimiento, partido, líder político, o funcionario, y perderá la autoridad moral indispensable para el ejercicio de lo periodístico.
El periodismo es, por su naturaleza, universal y abierto a toda la sociedad. Está hecho para proporcionar a todos una información útil y creíble. Su lenguaje, su agenda, su tratamiento de los hechos pretende interesar a todos; por eso su objetivo central es todo lo que se refiere al bien público.
Es cierto que el político tiene ese mismo objetivo, pero ordenado al ejercicio del poder; esto lo limita porque convierte su actividad en un medio para llegar al poder con un punto de vista personal; el periodista trabaja por el bien común, pero no con la pretensión de ejercer poder alguno, sino de servir a todos los ciudadanos, fortaleciendo su libertad por medio de una información completa e independiente, para que pueda decidir en libertad.
Es un perfil profesional que excluye el del político hasta el punto de que sus objetivos son inconciliables en una sola persona.
Cuando esta intención aparece en un medio de comunicación, el periodista que trabaja en esas condiciones:
Documentación.
Ser ético, más allá de teorías deontológicas, es mantener independencia y, por tanto, una distancia apropiada con el poder. Con ese poder repleto de funcionarios, de intereses económicos y políticos, de personas que halagan, que te dicen que eres el mejor, para luego solicitarte favores, que te invitan a almuerzos, cocteles y fiestas.
En medio de esos halagos a los que hay que evadir, ser ético es, también, advertirle a ese poder, a esas fuentes interesadas, que vas a buscar a la competencia, al enemigo político, a su contradictor y crítico para contrastar lo que ese poder ha dicho. Ser ético es cultivar el multifuentismo y no dejarse atrapar por la comodidad y el facilismo de la fuente única.
Ética periodística es la lucha interna que se libra para cumplir a cabalidad con el ser y el parecer, porque de lo contrario cualquier lector preguntará con todo derecho:¿quién es este periodista para criticar si él mismo hace lo que critica?
Es entender que el periodista es solamente periodista, un ser humano que intenta ser coherente, íntegro. Una persona sin ambiciones mezquinas, sin egolatrías, sin filiaciones o cargos políticos. Es alguien que no utiliza su oficio para llegar a otras instancias.
Un periodista ético es periodista a tiempo completo, periodista de la gente, periodista que cuenta la realidad como la ha visto, la ha sentido y la ha encontrado, aunque en ese esfuerzo ponga en riesgo la vida.
Rubén Darío Buitrón y Fernando Astudillo: Periodismo por Dentro. Intiyán, Quito 2005, p. 20.

Anoche me ví envuelta de manera inesperada en una conversación informal con Sebastián Marroquín (Hijo de Pablo Escobar) Estaba en una cafetería, esperando que acabara la proyección del documental “los pecados de mi padre”. En el periódico me habían pedido una entrevista con él, pero la jefa de prensa del evento me había dicho que era imposible. Sin embargo aquella conversación coloquial me reveló todo lo que hubiera querido preguntarle. ¿Es ético publicar lo que él, espontáneamente y sin saber que yo era periodista, confesó allí?
Anónimo.
Barcelona, España.
El periodista funda su credibilidad en que siempre juega limpio. Por eso las normas de su profesión le indican comportamientos como estos:
Estas normas son el resultado de un largo proceso de depuración de las costumbres periodísticas. En los comienzos del periodismo, era lo normal que el periodista actuara como espía, a la caza de indiscreciones y de intimidades; escuchaba detrás de las puertas, ventanas y cortinajes, veía a través del ojo de las cerraduras, de las hendijas y visillos; daba oídos a rumores y chismes y los presentaba como hechos.
En la medida en que se creó una conciencia clara de la identidad profesional, se comenzó a ver con otros ojos y criterios el trabajo periodístico, tenido ya como elemento indispensable e influyente en la vida de la sociedad.
Por tanto crecieron las exigencias en cuanto al manejo del material proporcionado por las fuentes y en cuanto al respeto debido a los derechos de las personas.
Hoy es inaceptable un periodista que espíe detrás de las puertas o que asuma el papel de correvedile en la sociedad. Su profesión ha sido dignificada, por su respeto a los derechos de las personas y por la conciencia de su alta función en la vida de la sociedad.
Documentación.
La apuesta por la autorregulación trata de garantizar dos cosas difíciles de compaginar: la necesaria libertad e independencia de los medios y la necesidad cada día mayor y más perentoria de que su labor se ajuste a criterios y pautas éticas, dadas la importancia de su labor y la magnitud de su influencia.
Bajo el concepto de autorregulación se agrupan toda una serie de mecanismos relacionados con la actividad de los medios que comparten el objetivo común de promover que su actuación se ajuste en lo posible a los valores de la comunicación social. Estos mecanismos son muy diferentes entre sí: códigos deontológicos, libros de estilo, principios editoriales, estatutos de redacción, defensores del lector, consejos de prensa, pero comparten el objetivo común de mejorar la comunicación estableciendo pautas normativas para la actividad de los medios y quienes trabajan en ellos, así como vías para reclamar su ajustamiento a dichas pautas. En todo caso lo característico de la autorregulación es que tanto en su puesta en marcha como su efectividad dependen del compromiso voluntario de los protagonistas de la comunicación.
Hugo Aznar. Ética de la comunicación y nuevos retos sociales. Paidos, Barcelona 2005. Pp. 27, 28, 29.

¿Hay algún código de ética para medios o periodistas que haya sido endosado global o, al menos, regionalmente?
Hernando Clavijo
Representante de la UNFPA, Naciones Unidas
Honduras
En 1948, durante la Conferencia de Naciones Unidas para la libertad de información, se hizo la primera referencia al deseo de tener un código internacional de ética del periodismo.
Una subcomisión de Naciones Unidas recibió en 1950 el primer proyecto en una reunión celebrada en Montevideo. Allí, representantes de China, Egipto y Liberia, presentaron un código que, después de su estudio y reformas, fue enviado al Consejo Económico y Social de Naciones Unidas.
El Secretario General de Naciones Unidas lo sometió al estudio y discusión de 500 empresas informativas, organizaciones y asociaciones de periodistas; y de las respuestas recibidas resultó un anteproyecto que en marzo de 1952 aprobó el Consejo Económico y Social de Naciones Unidas.
La intención del documento, (Introducción y cinco artículos) fue llegar a la expresión de los periodistas para que ellos y solo ellos vigilen la autodisciplina de su profesión.
En 1973, Naciones Unidas encomendó a Unesco la redacción de un nuevo código que fue aprobado, finalmente, el 21 de noviembre de 1983 en representación de 400.000 periodistas de todo el mundo como Nuevo Código Internacional de Ética Periodística que comprende unos Principios Básicas y 10 artículos.
Otros códigos de ámbito internacional más restringidos son el Código de Ética de la Asociación Interamericana de Prensa, adoptado en 1926 por la I Conferencia Panamericana de Prensa en Washington;
La Declaración de Deberes de los miembros de la Federación Internacional de Periodistas en 1954;
El Código de ética de la Organización Internacional de Periodistas, aprobado en Praga en 1954;
La Declaración de Derechos y Deberes de los periodistas de la Comunidad Europea, aprobado en Munich en 1971;
El Código Moral del Periodista Europeo, aprobado en el II Congreso Internacional de la Comunidad Europea de Periodistas en Roma en 1972;
El Código Latinoamericano de ética de la Federación Latinoamericana de Prensa, adoptado en Caracas en julio de 1979;
Y el Código de Prácticas Periodísticas de la Federación Internacional de Editores de Periódicos, aprobado en 1981.
Documentación.
El propósito de una ética periodística internacional se ha traducido en modelos nacionales concretos al transcurso del tiempo. Es importante señalar que día a día la inquietud de los periodistas del mundo se ha reflejado en un compromiso por dotar a la profesión periodística de instrumentos de conducta voluntariamente asumidos. Por supuesto, el análisis de las normas de ética periodística puede mostrar diversos resultados en función de las variables establecidas, auqnue en todo caso cabe apuntar que, en principio los códigos de ética periodística permiten conocer:
Ernesto Villanueva: Deontología informativa. Universidad Iberoamericana, Ciudad de México 1999. P. 25.

Entrevisté al cantante Elvis Crespo. Los organizadores ordenaron no hacerle preguntas personales. Insistí y lo cuestioné sutilmente sobre la acusación qaue le hicieron de masturbarse en un avión. ¿Fue correcto o incorrecto no cumplir la exigencia de los organizadores?
Ambar Quijije
Periodista de espectáculos
Manta, Ecuador
Cuando los empresarios de un cantante o de cualquiera figura del espectáculo, exigen que se omitan preguntas personales en las entrevistas de prensa, protegen un derecho de estas personas: el de la intimidad.
Este derecho es definido de distintas maneras: es el derecho a no ser molestado, o el derecho a mantener lejos de la vista del público la vida personal, o el derecho a estar a solas con la propia conciencia.
Constituye un abuso toda tentativa para observar a través de las ventanas, por las rendijas o por el ojo de las cerraduras, o de obligar a alguien a revelar sus asuntos. Esos abusos son los que previenen los empresarios, que hacen bien al crear una protección para la intimidad.
Se agrega a este reconocimiento de un derecho la actitud que le impone al periodista la naturaleza y dignidad de su profesión.
El periodismo está hecho para defender el bien público, y por tanto, el periodista actúa con un sentido de universalidad, es decir, pensando en el interés de todos.Se excluye, por tanto lo que tiene que ver con asuntos personales, que nada tienen que ver con el bien púbico. Las opciones de las personas sobre su vida sexual solo les conciernen a las personas y nadie tiene por qué convertirlas en objeto de su curiosidad. Es una información vedada por íntima y porque no debe ser de interés público.
El respeto a ese derecho de las personas convierte al periodismo en una profesión confiable, digna y respetable.
El desconocimiento y violación de ese derecho, hace del periodismo una profesión sórdida, indigna y altamente desconfiable.
Documentación.
La violación del derecho a la intimidad por parte de los medios de comunicación o por un periodista, va estrechamente unida al sensacionalismo exagerado y éticamente ilícito. Todo el mundo entiende que oner un micrófono oculto en una casa o en una oficina es un vulgar allanamiento del hogar o del despacho.
En otro orden de cosas las fotos obtenidas mediante un teleobjetivo, representa un atentado similar contra el derecho a la intimidad.
El llamado vértigo informativo conduce a veces a esta exageración de la insensibilidad que engendra luego el sensacionalismo exagerado.. Y se hace con el pretexto de que “en la gente hay una especie de escapismo oculto en la curiosidad pública y en su derecho a saber.”
A veces el motivo del sensacionalismo puede ser una simple discreción, como suele ocurrir con la captación de escenas producidas en un lugar público sin que la persona se dé cuenta de que se encuentra ante el objetivo.
De todo esto se deduce que la intimidad como tema informativo tiene sus límites muchas veces previstos y sancionados en los casos de desbordamiento, por las leyes positivas de cualquier país civilizado.
Luka Brajnovic, Deontología Periodística. Ediciones Universidad de Navarra, Pamplona 1978. Pp 150, 151, 152.

Ante la ola de muertes y desapariciones de periodistas en México,¿ el Estado está obligado a proveer seguridad a los periodistas, o estos deben asumir los riesgos inherentes a su profesión?
Patricia Maldonado Pérez
Conductora
Grupo ACIR
Toluca, México
En Colombia algunos periodistas pidieron protección y el gobierno la otorgó. En la mayoría de los casos el periodista enfrentó esa situación con distintos recursos:
En efecto, más importante que cualquier ayuda o protección oficial es la actitud del periodista. Es el momento de valorar la profesión, de reflexionar sobre su importancia y su influencia en la vida de la sociedad y de decidir, en consecuencia.
Documentación.
De una investigación de Medios para la Paz, titulada “La guerra, una amenaza para la prensa.” Sus hallazgos son aplicables al caso propuesto.
Las prácticas y rutinas de los periodistas investigados están presentes a lo largo de la cadena de producción de la noticia, razón por la cual la responsabilidad es compartida entre los empresarios, el equipo directivo y los periodistas, sin embargo encontramos una escasa capacidad de autocrítica.
La investigación detectó que las prácticas alrededor de la relación periodismo-política son las que implican el mayor riesgo y peligro para los periodistas, especialmente en las pequeñas ciudades. La agudización del conflicto armado y su presencia en los centros urbanos, llevaron a que la guerra permeara las actividades políticas y económicas de las regiones afectadas. Allí, el periodista que habitualmente trabajaba con los sectores políticos, resultó en medio del conflicto, dando lugar a que los grupos armados lo identifiquen con sus jefes políticos y como aliado del enemigo.
El periodista, deslumbrado por el reconocimiento social de su trabajo, se convierte en político o en un activista que cambia de rol convirtiéndose en mediador de secuestros o defensor de los derechos humanos, lo que se presta a confusiones y estigmatizaciones por parte de los grupos en conflicto.
Otra gran área donde se encontraron prácticas que se pueden considerar nocivas es en la relación con las fuentes. La especialización en una sola fuente generó que el periodista fuera identificado como aliado de su fuente y que los adversarios lo consideraran objetivo militar.
En el tratamiento de la información se identificaron prácticas complejas como sobredimensionar o inflar las noticias. Situación que se explica por la presión excesiva de los jefes, por la ausencia de espacios de comunicación y reflexión sobre los temas a trabajar y por los sistemas de contratación laboral.
Finalmente las relaciones entre colegas son tan conflictivas en algunas regiones que, además de acusaciones, descalificaciones y agresiones mutuas, se presentan denuncias de los colegas ante los grupos armados.

Estuve en una de sus conferencias en Quito y quedé con una duda: ¿La ética va por un lado y la realidad por otro? ¿Si uno quiere ser ético tendrá que ir contra la realidad y, por tanto, quedarse sin trabajo o mantenerse en una sola pelea?
Francisco Espejo
Independiente
Quito, Ecuador
Sí, la ética nos hace ver la realidad con otros ojos, de modo que pensmaos que toda realidad tiene que ser cambiada, para mejor.
No es el cambio de las cosas por el sólo cambio, sino para mejorar. Entre esas realidades, la de uno mismo es la que menos nos gusta. Por eso la ética supone un constante cambio de uno mismo. Este cambio trae consigo el cambio del mundo que nos rodea; por eso es cierta la suposición de la pregunta, la ética va por un lado y la realidad por otro.
No tiene por qué extrañar que el periodista, guiado por unos valores éticos se encuentre en contravía en su propio medio de comunicación, que es una de las realidades que tienen que ser cambiadas. Sin embargo hay que mirar con cuidado la forma de cambiar esas realidades:
Documentación.
Botero Darío, El derecho a la utopía, Ecoe Ediciones, Bogotá, 1997, p. 14-15.
La utopía es la búsqueda de la justicia, de la humanización. Sin utopía nos conformamos con lo establecido, con lo conquistado. La renuncia a la utopía es el conformismo, la claudicación. La utopía está contra el partidismo, el dogmatismo, la pretensión de haber conquistado la verdad de una vez por todas. La utopía es la confesión de que la verdad es inalcanzable. Se conquistan certezas, se avanza en el conocimiento de procesos, de hechos, de situaciones determinados, se intuyen verdades, pero la Verdad se mantiene siempre en el horizonte. Esto no significa de manera alguna que debamos renunciar a la verdad. La búsqueda de la verdad es la única actitud posible para un científico, un filósofo o un intelectual.
La utopía es la inconformidad como criterio creador. Es el reconocimiento de que lo realizado por el hombre en la historia es sólo una parte de lo que pudo ser. Siempre es posible un más allá, un mejor, una superación de lo realizado.
La utopía es el reconocimiento de los líneas paralelas en la realidad: una, la de lo que se hizo, la historia tal como se ha dado; la otra, la historia como podría ser. Es preciso reconocer en este punto el hallazgo de Marx de que la teoría, la critica racional puede convertirse en praxis, objetivarse en historia. El materialismo de Marx1 consiste precisamente en valorar la práctica humana, la actividad transformadora consciente de la naturaleza y al tiempo del proceso histórico. No hay ningún error en reconocer la validez de la práctica, el error puede consistir más bien en pretender sujetar el proceso histórico a un modelo rígido y totalizante, que implica de alguna manera subsistir la racionalidad de la historia. La dialéctica de Marx falla en la medida en que se propone configurar el futuro adaptándolo a las ideas del presente, en conformar un sistema totalizante y omnicomprensivo que pretende saberlo todo de la historia futura, haber descifrado totalmente la forma como se comportarán los individuos, como evolucionarán las situaciones reales. La historia como naturaleza es inagotable y la pretensión de sujetarlas a unos pocos conceptos por ricos y amplios que sean, conduce tarde o temprano a ahistoricidad y al dogmatismo. Esta perspectiva fracasa, entre otras razones, por excesivamente racionalista: supone que la vida del hombre puede sujetarse totalmente a parámetros racionales.
La utopía no es un sistema cerrado, no es una totalización de la historia. La utopía es la posibilidad de formular propuestas abiertas, que pueden reformularse, adaptarse, mejorarse e incluso sustituirse cuando no sirvan. La utopía no trabaja con criterios inmanentes de verdad, rehuye el dogma. Es una búsqueda si sosiego de un mundo inestable y perfectible. La utopía no se propone realizar un mundo feliz: esa sería una tontería sublime. La utopía es la búsqueda sin término de la armonía, del equilibrio, con la conciencia de que por más que se logre siempre habrá que recomenzar la tarea. La utopía es el reconocimiento de que n unca se hizo todo lo que se pudo hacer.
Cisneros Isidro, Los recorridos de la tolerancia, Ed. Océano de México, México, 2000, p.55-56.
La utopía de Moro es un producto político-intelectual del renacimiento surgido en un momento histórico en que Europa occidental se cuestiona la relación Iglesia-Estado. Con su publicación nace un nuevo genero literario-filosófico: el pensamiento utópico. 2 Las fuentes y corrientes de pensamiento que nutren la obra de Tomás Moro son abundantes. Un antecedente directo del pensamiento utópico es la obra de filósofos griegos como Platón, quien en la República formula muchos planteamientos que prefiguran utopías. Norberto Bobbio recuerda que Platón reconocía, al imaginar la “óptima República” que su diseño de sociedad ideal estaba condenado a “vivir sólo en los discursos”.3 El concepto de “comunidad de bienes” que Moro plantea en su obra recibe también una influencia casi directa del mismo Platón. Puede decirse que Tomás Moro da continuidad a unas ideas utópicas que nacen con los griegos y son deasrrolladas por los filósofos renacentistas como Marsiglio Ficino (1433-1499), quien, en su obra Teología platónica sobre la inmortalidad del alma, de 1482, sostiene que el amor hacia el hombre es una preocupación del amor hacia Dios, y Giovanni Pico de la Mirandola (1462-1494), que en su libro Conclusiones filosóficas, cabalísticas y teológicas, de 1846, expone principios de conciliación sincrética entre diferentes credos religiosos, desde la Cábala hebrea hasta el Corán musulmán, que por su celebración de la libertad le cuesta una condena de la Iglesia Católica en 1487. 4 Esta tradición llega también a los humanistas como Erasmo de Rotterdam, para quienes las religiones son manifestaciones diversas del natural impulso humano hacia Dios y coincidentes en su fondo último de verdad. Estas ideas se fundan en la convicción de que “Dios prefería ser reconocido y no ser despreciado”.

Ética y Utopía! Me suena estupenda la conjunción, pero... y la Lógica?
Gracias
¿Es ético que personas o entidades con poder económico presionen mediante los departamentos comerciales de un periódico para que no se publique una información? ¿Qué pasa si por rechazar estas prácticas el periodista queda sin trabajo?
Anónimo
Santa Cruz, Bolivia
La ética profesional del periodista no confiere su propio sello de calidad al trabajo periodístico sin costos. Ser ético cuesta, porque suele imponer conductas que van contra la corriente.
Es el caso del periodista ético y con sentido de la dignidad de la profesión, que rechaza por indigna cualquier clase de sumisión a los anunciantes, a los gobernantes, a los militares, a los políticos o a cualquiera que osara imponer una línea editorial distinta de la verdad de los hechos.
Las normas de los manuales de estilo y de los códigos de ética que señalan la independencia como una condición indispensable para el ejercicio periodístico, están dictadas por la experiencia y por el conocimiento de la naturaleza de la profesión. Mal se puede llegar a la verdad de los hechos por parte de personas dependientes del poder que la información pone en cuestión. Así como sucede en el campo científico, en el periodístico es un axioma que el camino a la verdad tiene que estar libre de dependencias.
Además, esa independencia es condición necesaria para que las informaciones del periodista puedan ser creídas. La sola sospecha de que un periodista depende de alguna de sus fuentes, o de que la información está dirigida al beneficio de algún poderoso, arroja una nube de sospecha que solo disipa una demostración convincente de independencia.
En cuanto al periodista que, por independiente, queda sin trabajo, es un hecho que puede mirarse desde otro ángulo: ¿qué tal el que conserva su trabajo después de venderle su conciencia profesional a un poderoso?
Documentación.
Rechazar toda presión y no aceptar ninguna directiva redaccional sino de los responsables de la redacción.
Declaración de Derechos y Deberes de los periodistas de la comunidad Económica Europea. A 11.
Los periódicos no deben someterse a presiones exteriores, sean de los gobiernos, partidos políticos, intereses comerciales o individuos.
Código de práctica periodística de la Federación Internacional de Editores de periódicos. A 11
El periodistra debe rechazar presiones que puedan ejercer gobiernos y grupos económicos, políticos o de cualquier índole para deformar, manipular o censurar informaciones.
Código de ética del periodista venezolano, a 39.
Resistiremos un control exterior en cualquier fase de nuestra práctica porque creemos que los intereses de la sociedad requieren libertad intelectual del periodismo.
Código de ética de oregon para el periodismo. A 22.
Para preservar la integridad de su independencia y prevenir el deterioro de su libertad, el periodista:
Ley de prensa para los periodistas griegos. A 36-

¿El publirreportaje es parte del periodismo? ¿Cómo actuar éticamente frente a los publirreportajes?
Anónimo
Lima, Perú
El publirreportaje es el resultado del mestizaje entre periodismo y publicidad en que lo publicitario predomina hasta hacer desaparecer lo periodístico.
La práctica de los medios que encomiendan esa tarea a publicistas es la que más se acerca al ideal ético; cuando esa tarea se le asigna a periodistas, se les crea una dualidad dañina porque el periodista, por formación y por talante profesional, no está hecho para manejar las medias verdades del publicista, sino la verdad más cercana a la realidad de los hechos.
El publicista, en efecto, orienta la información a las conveniencias de la persona, entidad o producto que sirve, y es lo que se propone con el publirreportaje en el que, bajo la apariencia de una información periodística, difunde un mensaje comercial. En este sentido el publirreportaje tiene mucho de impostura y de engaño al lector.
El periodista sabe que no sirve a nadie más que a su lector. No acepta presiones del anunciante, ni del gerente, ni del propio director cuando estos quieren apartarlo del servicio a ese único amo que respeta, el receptor de su información.
Obligar al periodista a que escriba publirreportajes es violentar su conciencia ética. Peor aún, cuando el periodista es quien acepta una tarea que pervierte su profesión, para ganar algún dinero extra.
El medio que publica publirreportajes, sin advertirlo al público, incurre en un engaño. Denunciar esta clase de prácticas es tan necesario, quizás más, como advertir sobre la venta de agua contaminada, drogas vencidas o alimentos descompuestos. Son engaños en que se abusa de la buena fe del público y que, además, hacen daño.
Documentación.
La publicidad debe decir la verdad con su lenguaje peculiar. Su finalidad lucrativa se presta a toda clase de abusos, desde la excitación irracional del deseo de posesión, hasta la explotación de las pasiones. A pesar de todo lo peor de la publicidad es su amenaza constante a la libertad de elección del comprador. El recurso a las técnicas de persuasión para excitar el deseo de m comprar bombardeando el inconsciente de los potenciales compradores, desemboca siempre en lo mismo, impedir la libertad de elección del cliente.
La publicidad se practica como una retórica contra la libertad interior de los potenciales compradores. Como servicio de información comercial es conveniente y útil. Pero el fin supuestamente bueno no justifica el recurso a cualquier medio para lograrlo. Dado que la publicidad como lenguaje es una retórica persuasiva e interesada, solo podrá aceptarse en la medida en que el consumidor puede defenderse contra el acoso de la persuasión. Si la publicidad agrede alegre e indiscriminadamente la libertad ajena, pierde su legitimidad ética al no poder justificar su status profesional y de servicio social. Los tratadistas y textos legales insisten en que la publicidad debe presentarse como un servicio informativo de mercado. En consecuencia debe decir verdad, aunque lo haga con métodos persuasivos e intenciones no desinteresadas..
Ya no basta reivindicar la verdad sobre la naturaleza y calidad de los productos y servicios ofertados. En nombre de la ética hay que ir más lejos, exigiendo el respeto previo a la libertad de los consumidores. De lo contrario siempre habrá fundamento para considerar la actividad publicitaria como sospechosa.
Niceto Blázquez: Ética y Medios de Comunicación. Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1994, pp634-635.

Sin duda que los publireportajes es uno de los trabajos que más nos conflictúan como periodista. Pero cuando no existe la posibilidad de que tu medio contrate a un publicista, no queda otra que hacerlos.
Sin embargo, tampoco, por ello hay que mentir. Yo por lo menos creo que a través del texto y las fotos se puede mostrar "la realidad" al lector.
No es necesario exagerar con los adjetivos para que un cliente quede contento. Si uno es inteligente, puede lograr el objetivo de lograr un buen texto sin poner en cuestionamiento nuestra ética.Ya que en definitiva nadie nos puede pedir ser periodistas corporativos cuando trabajamos en un medio de comunicación. Por lo menos, hasta ahora me ha resultado, aunque claramente prefiero que los publireportajes lleguen hechos y no tener que abordarlos yo, pero no todo es perfecto en el mundo laboral.
¿Cómo se puede hacer para que en el contexto latinoamericano se tenga en cuenta la información del centro minero de Huanuni y de los centros mineros?
Ramiro Ramos
Locutor independiente
Radio Cooperativa
Huanuni, Bolivia
Un tema o una idea llegan a ser tenidos en cuenta en el mundo de los medios informativos por el interés, la actualidad, la presentación oportuna y el impacto de la información en lo público.
Hay otros caminos: las relaciones públicas, el apoyo de publicistas o las presiones del poder, pero una información manejada así tiene un efecto transitorio y le resta dignidad a la entidad, idea o hecho que están de por medio.
Cuando se trata de noticias importantes, estas se imponen por sí mismas y no necesitan adjetivos ni los artificios de lo publicitario; sin embargo esto no basta. Siempre será necesaria la capacidad de valoración del periodista y del consejo de redacción con que trabaja.
Esa capacidad puede ser disminuida o anulada, por una formación deficiente, o por el influjo de intereses personales o institucionales que limitan el horizonte informativo al propio provecho.
El ideal, en efecto, es un sentido de lo público, abierto a todos los temas que afectan a la sociedad y a los seres humanos, sin exclusiones.
Ante las dificultades que esto supone, aparece el peligro del recurso a los ya mencionados caminos fáciles en que todo se resuelve con propuestas de relaciones públicas, publicidad o de compra de voluntades. Estas prácticas no garantizan una información creíble y acaban degradando al periodismo y a las propias noticias que así se inducen.
Documentación.
Mi obsesión tiene que ver con el apocalíptico despliegue y la posterior sumisión de los norteamericanos, después del atentado de las torres gemelas de Nueva York, a los dictados del señor Bush. Me refiero a esa misma descarada voz del amo que repiten nuestros medios como un eco obligado inevitable, pero también cada día más insoportable.
Este es el primer ingrediente que nos ha puesto en la mesa esa voz que es la de los periodistas, los que están viviendo esa esquizofrenia desde dentro y en lucha con ella: la ausencia de relatos y, por tanto, de vida cotidiana y capacidad para entender lo que está pasando en este país. Por eso resulta pertinente llamar a la agenda predominante de los medios como agenda machista porque sigue asociando lo importante con lo que concierne a la política como “asunto de hombres.”
La cuestión es, entonces que en los medios no caben los temas que hacen la vida cotidiana de la gente, sus preocupaciones y sus sueños con respecto a la educación de los hijos y a la salud que es lo que obsesiona a la mayoría de los colombianos.
La relación de la inmensa mayoría de los periodistas con la realidad sigue siendo una relación elemental. Y entonces, ¿para qué sirven los saberes universitarios si no permiten descifrar la complejidad de lo social de hoy? Ya no podemos acudir a aquella queja de los viejos periodistas empíricos diciendo “ es que los jóvenes egresados no saben lo que solo sabemos quienes estamos en la vida y en la bohemia,” como hasta hace poco decía nuestro amigo Gabriel García Márquez. Frente a lo cual repetidas veces he escrito que lo que hoy necesita un periodista es una mayor capacidad intelectual y crítica.
Otro déficit aún más grave, que llegan a los medios sin la más mínima capacidad subversiva que uno espera de un adolescente o de un joven. ¿Qué estamos formando entonces?
El tercer aspecto se refiere a las contradicciones en que se mueven cuando, por un lado, un buen porcentaje dice que no son independientes pero, por otro lado, no perciben en su vida cotidiana la influencia de los grandes poderes políticos y económicos. Considero que esto no se relaciona, en modo alguno, con una alta autoestima sino algo muy diferente, con el autoengaño que proviene de una enorme ingenuidad y de una profunda autocensura, tanto que han perdido la conciencia de ella. En lugar de autoestima lo que percibo es que tienen un “yo” muy chiquito y un “super-yo” gigantesco. El superego de la normativa de la empresa actuando como conciencia que a cada rato alerta que la independencia les puede costar el empleo. Y entonces no es extraño que los periodistas no tengan conciencia de la dependencia, de las condiciones reales en que ejercen su oficio, de las deformaciones de un discurso moldeado por intereses muy densos – y ciertamente opacos, nada transparentes, provenientes del mundo de la política y la economía.
No aparece en la agenda de los medios: ¿ de qué guardan memoria los medios? ¿Qué horizonte de futuro construyen los medios? ¿Qué horizontes de futuro elaboran? ¿De qué ingredientes está hecho el futuro de este país en la agenda de los medios?
Jesús Martin Barbero en ¿Qué es la noticia? Foro convocado por la fundación Konrad Adenauer y Universidad Javeriana. Ediciones Antropos, Bogotá, 2004. Pp. 127, 128, 129.

¿Estoy obligado a entregar la información periodística a particulares o autoridades? ¿Hay alguna legislación sobre el tema?
Anónimo
Aguachica, Colombia
El periodista maneja la información como un bien público, es decir, como algo que pertenece a todos y a nadie en particular.
Su información, además, se refiere siempre a asuntos públicos o que pueden afectar el interés público. Este hecho le da al periodista el perfil de servidor de lo público, sin ser funcionarios y de trabajador particular sin dedicación a lo privado porque su esfera es lo público.
Por tanto no investiga para ninguna autoridad: policía, jueces o alcaldes, no les debe a ellos más de lo que debe al ciudadano común; a todos sirve por igual con la información.
Si algún funcionario encuentra útiles los datos del periodista, puede utilizarlos, ampliarlos, comprobarlos y tomar nota de ellos; pero no es obligación del periodista entregar su documentación ni los nombres de sus fuentes, ni es conveniente que lo haga, porque la sola apariencia de ser informador de la policía o de las autoridades, le cerraría fuentes de información necesarias para la información que ofrece a la población en general.
La obligación de entregar información sólo se daría cuando está de por medio algún proceso contra el periodista, por injuria o calumnia, caso en el que debe responder a los jueces como cualquier ciudadano con la entrega de los documentos relacionados con el tema de la acusación.
Como se verá en la Documentación, este derecho del periodista está amparado en Colombia por el artículo 74 de la Constitución y por el artículo 385, literal g del Código de Procedimiento Penal, y por el artículo 214, 3 del Código de Procedimiento Civil.
Documentación.
El nuevo Código de Procedimiento Penal, inserta un reconocimiento expreso al periodista, frente al secreto profesional, con lo cual alivia una posible confusión sobre el tema.
A principios de febrero de 1994 la Corte Constitucional en relación con asuntos de flagrancia expresó que la policía podrá allanar sitios públicos y privados cuando existan motivos fundados como la comisión de un delito. Además la corporación consideró que la policía puede conducir testigos de actos ilícitos cuando estos se nieguen a cooperar y siempre que, según el caso, no exista una violación al sigilo profesional
En síntesis, el ejercicio de una actividad periodística, no podrá generar fundamento para imputar autoría, complicidad o encubrimiento, en el caso, por ejemplo, de entrevistar a una persona al margen de la ley y el comportamiento posterior a que podrá dar lugar, es decir, el silencio del periodista está amparado por el ejercicio de un derecho: el sigilo o secreto profesional.
Elker Buitrago: El periodismo y su régimen legal. Librería Ediciones del Profesional, Bogotá 2005 P. 256.

¿Se puede considerar periodístico, publicar noticias sobre la vida privada de una figura del entretenimiento? Me refiero al caso de Tiger Woods convertido en noticia por los principales medios del mundo.
Jairo Echeverri García
Coordinador editorial
FNPI
Cartagena, Colombia
Hay una característica del periodismo, que define su condición de servicio público, y es su universalidad. El periodista informa para todos porque su tema es lo público y su actitud es la defensa y fortalecimiento de lo público. Esto excluye como tema los asuntos privados, y como actitud la satisfacción de curiosidades individuales y de morbos colectivos que no tienen que ver con lo público.
Las figuras del espectáculo, las celebridades sociales, los poderosos, llegan a ser temas periodísticos, no porque concentren la atención y la curiosidad pública, sino cuando afectan el bien público: cuando tienen que ver con el orgullo colectivo de una sociedad, cuando representan el afán de superación de los seres humanos, cuando demuestran que el esfuerzo mantenido logra éxitos, es decir, cuando encarecen los valores con que se sostiene o incrementa el bien público. También son tema periodístico cuando ponen en riesgo o destruyen esos valores: el campeón que asesina o estafa, el que se dopa, la estrella homicida que no responde por su acción homicida, etc. Si el periodista, al desarrollar estos temas, defiende el bien público y da elementos y motivos a los receptores para hacerlo, cumple su función.
Pero el acercamiento periodístico a estos asuntos, cuando se hace por la vía fácil del curioseo y de responder a la curiosidad y al morbo, produce una forma degradada del periodismo, y una información del más bajo nivel. Entonces no se defiende el bien público, sino la circulación o el rating, no se genera la dignidad de lo humano, sino que se la ofende y destruye, que son los logros del sensacionalismo. La información sobre el golfista fue un curioseo sobre su intimidad, a través del ojo de la cerradura, como era el periodismo en su más remota infancia.
Documentación.
El Consejo de Juristas de los países nórdicos celebrado en 1967 publicó un interesante texto sobre la intimidad y vida privada. Parte de que es un derecho natural de las personas, que debe ser respetado por los informadores y protegido por las leyes. Un derecho, además, con limitaciones.
El derecho a la vida privada implica que las personas sean dejadas en paz para vivir su propia vida con el mínimo de injerencias exteriores. En consecuencia, tal derecho debe ser protegido: contra toda injerencia en la vida privada, familiar y doméstica contra todos los ataques a la integridad físico mental, a la libertad moral e intelectual, contra las agresiones al honor y a la reputación, contra toda interpretación perjudicial dada a sus palabras o a sus actos.
La intimidad y la vida privada son derechos naturales que han de ser celosamente respetados con garantías legales suficientes. Lo cual no significa que sea un derecho absoluto sin limitaciones. La regla de oro para los informadores responsables en esta materia es no apartarse jamás del auténtico bien público, que nada tiene que ver con la mera curiosidad malsana, lo mismo de los informadores frívolos que de la gente que disfruta morbosamente metiéndose en la vida de los demás.
Niceto Blazquez en Ética y Medios de Comunicación, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1994. P 264 265.

Muy de acuerdo con la respuesta. Este comentario debería ser entregado oficialmente en copia impresa a cada productor/editor de la "prensa rosa" o de farándula. Ahí está la debilidad de este tipo de periodismo.
Encuentro el comentario refrescante y atinado.
La pregunta que me formulo ahora es si en aras de aumentar su tiraje o número de clics en la web los editores no están incurriendo en el delito de difamación al publicar foitografías de cadáveres de narcotraficantes o de futbolistas heridos en sus primeras planas. Sé que la experiencia colombiana puede ilustrarnos en tierras aztecas.
Saludos.
Una respuesta inteligente y argumentada. Felicidades, aquì un foro para seguir la conversasción bit.ly/brLEs6
es obvio que los antivalores periodísticos que se adueñaron del ejercicio de la profesión hace que a algunos se les olvide que todos los ciudadanos tenemos derechos entre ellos el de la privacidad. es cuestionable que desvergonzadamente se utilice el derechon a la libertad de expresión para soslayar la imagen de ciertas personalidades que seres humanos al fin, cometen errores que se pueden remediar.
¿Cómo se debería titular: el hijo del Presidente fue llamado a juicio, la esposa del fiscal fue detenida, etc. O fulano de tal fue llamado a juicio, o tal señora fue detenida?.¿ Tiene algo que ver con la forma correcta de titular el deber de velar por el buen nombre de las familias?
Alvaro Cotes Córdoba
Rdactor judicial
El Informador
Santa Marta, Colombia
Salvo que se trate de una acción emprendida conjuntamente por padre e hijo, en una empresa familiar, por ejemplo, las responsabilidades son individuales y sólo han de afectar a su autor. Un padre no tiene por qué sufrir en su buen nombre por las acciones de un hijo calavera, ni al hijo debe afectarle socialmente la mala conducta de su padre.
Teniendo esto en cuenta constituye una injusticia estar recordando en toda información que el narcotraficante, el estafador o el asesino son parientes de….
Es cierto que el dato agrega elementos a la información, pero san datos que, además de innecesarios, hacen daño a terceros inocentes. Nadie tiene por qué cargar con los errores de otros si no está de por medio una relación de complicidad. El periodista que, para darle un mayor atractivo a su información, se vale de este recurso resulta responsable del daño moral que se les causa así a personas inocentes.
El asunto, pues, va más allá de la trivial defensa del buen nombre de una familia; es un deber de justicia, hacer responsable de sus actos a cada persona y no a sus allegados; debe recordarse, también, que la verdad no debe hacer daño y por eso está rodeada de precauciones y defensas que impiden que la verdad se vuelva agresión u ofensa.
Documentación.
En “La política como profesión,” Max Weber utiliza la tipología de la ética de los valores absolutos y la ética de la responsabilidad para analizar las acciones políticas y periodísticas.. Un eticista que sostiene únicamente los valores absolutos rechaza la responsabilidad por las consecuencias de sus acciones. Weber lo describe: “el mundo es estúpido y detestable, no yo; la responsabilidad por las consecuencias no me corresponde a mí sino a los demás en cuyo servicio estoy trabajando y cuya estupidez y detestabilidad voy a erradicar..”
La cuestión de los resultados de su acción no es responsabilidad del actor. El actor se ve obligado a perseguir el valor absoluto con todos los esfuerzos posibles pero no le preocupan sus resultados. Si el éxito es imposible, el martirio es el único curso aceptable. El elemento característico de la ética de los valores absolutos es la obligación absoluta de la verdad. Debe ser enfatizado que la ética de los valores absolutos no tiene que ver con la irresponsabilidad, así como la ética de la responsabilidad nada tiene que ver con la falta de valores.
La acción éticamente responsable significa que se tiene que ver no solamente con la selección de los medios para lograr un fin específico, sino también con la evaluación de los valores, es decir, los objetivos finales, el uno comparado con el otro, y los posibles efectos de un cierto curso de acción, no solamente en relación con el logro de un objetivo inmediato o final en una secuencia directa, sino directamente o a través de canales indirectos sobre los otros valores.
El actor que es responsable éticamente acepta la responsabilidad por las consecuencias intencionadas así como no intencionadas de la acción.
Michael Kunczik.
Conceptos del Periodismo. Fundación Ebert, Bonn, 1991. P. 25

¿Cómo debe responder un periodista ante un dirigente ofendido por una información que, sin embargo, es cierta?
Dagoberto Carrascal Villegas
Director de deportes
UFM Stéreo
Ocaña, Colombia
El de la verdad no es un valor absoluto. Como sucede con los valores y con los derechos, hay en ellos unos límites que no deben convertirse en fronteras de separación o de comienzo de una agresión, o de una defensa, sino puntos de encuentro para una armonización y complementación.
No basta que una información sea verdadera, además debe ser útil y no debe hacer daño.
Por tanto han de complementarse las técnicas de investigación que permiten el hallazgo de la verdad, con las consideraciones sobre el impacto que pueda tener su redacción y con las técnicas para su presentación. Estas técnicas son necesarias porque de ellas depende en parte, que la verdad sea entendida, que la verdad estimule la participación y que enriquezca a la sociedad.
Una reacción negativa ante la publicación de un hecho verdadero puede obedecer al impulso de defensa de un derecho que se considera violado, por ejemplo el derecho a la intimidad; también puede ser la reacción de quien quiere ocultar algo para mantenerse impune. En el primer paso es obligación del periodista mantener a salvo el derecho de la persona que reclama; en el segundo, es el derecho de la sociedad a conocer, el que debe defenderse.
Documentación.
¿Qué verdades hay que decir, , qué opiniones hay que transmitir? ¿Se tiene derecho a decir cosas con tal que sean la verdad o que caigan dentro de la libertad de opinión? Terreno delicado que nos muestra que la referencia a la verdad no es absoluta, sino condicionada.
Es ya un lugar común indicar que los periodistas están sujetos a una triple referencia, a la hora de decidir lo que cabe decir.
Por un lado el criterio de lo que es merecedor de ser destacado de cara a los objetivos internos del propio periodismo y pensando en los receptores; este debería ser el criterio decisivo, que nos remite al valor del respeto a las personas
Por otro lado está el criterio de la rentabilidad económica que no se puede ignorar aunque debe quedar subordinado al anterior.
Además está la orientación ideológica que tiene el medio en que se ofrece la información, referencia legítima, con tal que se haga dentro de los marcos del pluralismo mediático, dentro de la transparencia y coherencia y de la democracia.
Aceptados estos tres criterios, ¿puede el periodista decir lo que quiere con tal que sea la verdad? La verdad no aparece en este momento como un valor absoluto e independiente. De acuerdo con la finalidad del periodismo, lo que se diga, además de corresponder a la verdad, debe responder al respeto debido al otro y a la responsabilidad social.
De hecho el respeto debido a las personas es el valor decisivo, desde el que discernir lo que debe decirse y cómo decirse aunque la concreción del mismo en cada circunstancia y su conexión con la libertad del periodismo como con el interés público no es nada fácil y pide lo que éticamente podemos llamar ejercicio de la libertad práctica.
Xavier Etxeberría.
Valores éticos de la actividad periodística. Cuadernos Diakonía, La Paz, pp 10,11.

¿Como periodista, es bueno tener sentimentalismo con personas que perdieron un juicio en el que defendían a un criminal?
José Moreira Bazurto
Reportero de crónica roja
La Marea
Manta, Ecuador
El periodismo es equilibrio, o sea justo medio entre dos extremos. El sentimiento, como guía, es un extremo; el otro es la frialdad de quien solo razona.
Son necesarios, desde luego, uno y otro. El sentimiento, más cercano a la vida, y por tanto artífice de la compasión; sin él, la descripción de las realidades humanas es incompleta; por su parte el razonamiento previene contra los excesos del sentimiento que distorsionan la visión de la realidad; él mismo, víctima de sus propios excesos cuando pretende que todo debe ser sometido al razonamiento, incluidas las manifestaciones del sentimiento.
Teniendo en cuenta lo anterior, el periodista, como el abogado, mantiene el equilibrio entre los sentimientos y la razón cuando se atiene a la investigación y conocimiento de los hechos, y a los valores fundamentales de la justicia, del apego a la verdad y de las responsabilidades para con la sociedad.
En un juicio, no importa quién sea el fiscal o el defensor, están en juego esos valores que son fundamentales para la vida de la sociedad. El periodista se debe a esos valores, lo demás es lo de menos.
Documentación.
El periodista es una persona viva que, viviendo, toma posición. Tiene emociones, siente, y sentir y tener emociones ya es tomar partido. No creo en el periodismo que se llama a sí mismo, impasible, tampoco en la objetividad en su sentido formal.
Lo que se puede entender por parcialidad es conocimiento de los hechos, entendimiento de las causas que motivan los hechos. Cuando estudias y conoces las fuerzas que están detrás, comprendes las razones que mueven a las partes en conflicto. El periodismo es una profesión apasionante pero, si solo la mueve la emoción, está lejos de cumplir su cometido: si a esta aúna el conocimiento, entonces el resultado puede ser realmente importante.
No puede ser testigo impasible; debe tener eso que en sicología se llama empatía. Algunos no se sienten vinculados, comprometidos, o apasionados y les parece que es una vida muy peligrosa. Para llegar a la verdad, esta tiene que ser más importante que tu vida, y solo teniendo esa actitud es posible trabajar en países agitados y peligrosos. Es por eso que el periodismo objetivo, desapasionado, para mí no puede existir en situaciones de conflicto. Lo que quiero decir es que por tratar de ser objetivo en realidad se desinforma.
Ryszard Kapuscinski.
Entrevista con Gilberto Mesa en La Jornada, México.

¿Cuáles son los elementos fundamentales que le dan confiabilidad a un comunicador social?
María del Pilar Angel
Ama de casa
Cali, Colombia
Los códigos de ética y los manuales de estilo tienen en cuenta esos elementos fundamentales para la construcción de la credibilidad. Al fin y al cabo el mayor capital del periodista y de un medio de comunicación es su confiabilidad, o credibilidad.
La primera de esas normas relaciona la credibilidad con la independencia. Es ilusoria la creencia de que la tecnología avanzada, o los titulares audaces pueden crearle una imagen confiable al medio de comunicación o al periodista. Son elementos prescindibles para los lectores; la independencia, en cambio es imprescindible.
Crea confianza saber que el medio de comunicación y el periodista se deben al lector, que así lo transparentan sus acciones y que no se inclinan ante nadie.
Es fuente de desconfianza la comprobación, o la sola sospecha de que el medio de comunicación mantiene alianzas, pactos o arreglos con algún poder, institución o persona, para alterar o recortar, o silenciar la verdad de los hechos.
El otro valor generador de confianza es el compromiso del medio y del periodista con la verdad. Cuando se les ve cuidadosos en su trabajo de informar, rigurosos en sus investigaciones, exactos en todos los datos, dispuestos a rectificar, corregir o aclarar cuando es el caso, el lector les otorga su confianza y se abre paso su influencia. Es el mayor logro de un medio y de un periodista: influir en sus receptores porque en ellos han creado confianza.
Lo cual es, además, un deber del periodista. El periodismo no solo tiene el deber de buscar y decir la verdad, esta es solo una parte de sus deberes. La otra parte es crear las condiciones para que el receptor crea cuanto dicen el medio y el periodista; este es el logro de la confianza.
Documentación.
Cuando un periodista merece que otras personas le crean, especialmente si son receptores de sus informaciones, eso se llama credibilidad. Esta es una cualidad que hace creible cuanto una persona hace o dice. La credibilidad es, por tanto, reconocida por otros, o sea, por quienes están dispuestos a creer a alguien o a algo.
A un periodista se le reconoce credibilidad
Estas calidades se dan cuando el periodista mantiene una actitud de independencia frente a los temas y las fuentes.
Y cuando a los ojos de los lectores aparece con una transparencia total, que les permite conocer los intereses y objetivos que guían su ejercicio profesional..
J.D. Restrepo.
Cuarenta Lecciones de Ética. Lección 26. Random House, Caracas, 2006, pág. 160.

¿Existe alguna penalización para los medios que difamen o violen la intimidad de un candidato a la presidencia?
Nancy Julieta Borja
Radio Bálsamo
Zaragoza, El Salvador
En la legislación penal de los distintos países se sancionan la calumnia y la violación de la intimidad, puesto que se trata de defender los derechos de las personas, de todas las personas, no solo los candidatos. Un candidato a la presidencia o a cualquier cargo público, es un ciudadano que busca empleo, por tanto, tiene el derecho a los derechos, a que se respeten su intimidad y su buen nombre, como cualquier otro ciudadano.
Como se ha repetido en otras consultas, el eje de los deberes éticos es la apertura al Otro, quien quiera que él sea. Los derechos humanos se convierten así en un objetivo y una guía de la ética que, al señalar las claves para el desarrollo y dignificación de las personas, ponen en primer lugar la relación con el otro. Para que esto se pueda dar, los derechos destacan todo lo que se les debe a los otros seres humanos, y entre esos deberes está el respeto a su dignidad, que implica la defensa y reconocimiento de su buen nombre y la preservación de su intimidad.
Documentación.
La íntimo es solo informable si se dan estas condiciones: primero que la intimidad haya sido exteriorizada libremente, voluntariamente por la persona que es su sujeto; y la segunda, que esta exteriorización voluntaria tenga relevancia comunitaria.
Lo privado no es, en principio objeto de información y comunicación pública, la regla general es, pues, la exclusión de lo privado del objeto de la comunicación. Pero, precisamente, por tratarse de una regla general admite excepciones. Cabe el consentimiento, a través del cual se legitima la transferencia de lo que es privado al ámbito de la información pública. Y cabe también informar de lo privado, aunque no exista consentimiento, o incluso contra la voluntad del interesado, si esos hechos, acciones o circunstancias privadas, tienen una conexión inmediata, directa y clara en el ámbito de lo público.
Lo público es el ámbito propio de la información y la comunicación social. Lo público ha de tratarse públicamente. Las excepciones a la publicidad de lo público, si existen, han de ser mínimas y plenamente justificadas por la defensa y salvaguardia de un derecho que sintetiza a todos los intereses sociales, el derecho a la paz.
Carlos Soria.
La ética de las palabras modestas. Universidad Pontificia Bolivariana, Medellín, 1997, p. 52, 53.

Si entrevistamos en la clandestiidad a un prófugo de la justicia, vinculado con un grupo armado de izquierda que en este momento retiene secuestrada a una persona, ¿es ético publicar la entrevista? Si la publicásemos, en qué condiciones debemos hacerlo: íntegra o parcialmente?
Mario Rubén Álvarez
Diario Última Hora
Asunción, Paraguay
Los periodistas que entrevistan secuestradores o terroristas, deben ser conscientes de los riesgos que corren con esta clase de materiales informativos:
La forma correcta de manejar esta información se descubre a la luz de un propósito: ayudar a las víctimas y a sus familiares, y aportar a la sociedad la información necesaria para que el hecho no se repita y los delincuentes sean sancionados.
Se descarta, por tanto, el aprovechamiento comercial de esta información, y se entiende que el entrevistado no será la única fuente, ni la suya será la última palabra sobre los hechos. Debe quedar en evidencia y sin lugar a dudas, el rechazo del periodista y del medio al secuestro en todas sus formas, pero especialmente cuando se utiliza como arma política o de extorsión.
Documentación.
Loa informadores proporcionan una plataforma desde la que expresar ideas extremistas que provocan violencia y socavan la autoridad del Estado.
La descripción de actos terroristas espectaculares produce un efecto contagioso que aumenta la posibilidad de que otros grupos o individuos emulen la violencia de que se da noticia.
La información de un incidente en curso resta efectividad a las operaciones policiales y puede poner en peligro las vidas de los rehenes y de la policía.
La información de un incidente en curso puede someter a una inapropiada presión a las autoridades, que limita su capacidad para tomar decisiones.
El gran número de periodistas y la extensión con que se informa de un acto terrorista refuerza el sentido de poder del terrorista y sobre todo, en el caso de terroristas insanos puede contribuir a prolongar mucho el incidente o a aumentar la gravedad de sus consecuencias.
En relación con el efecto contagioso, se aduce que un excesivo detalle de las operaciones terroristas y antiterroristas proporciona a otros grupos extremistas una información táctica y estratégica y un conocimiento técnico que dificultan aún más la resolución de futuros incidentes terroristas.
La información instantánea de incidentes terroristas y la existencia de ciertas prácticas de recogida de noticias ( como contactos telefónicos en curso de un incidente) convierten a los periodistas en participantes de un acto terrorista en lugar de observadores del mismo y reducen la facultad de los medios de comunicación para informar con objetividad.
Grant Wardlaw.
Terrorismo político, Madrid 1986, pp. 145-146.

¿Cómo se puede desde una ley, como la actual ley de comunicación, evitar la precarización del trabajo del periodista, mal pagado y mal tratado?
Ela Zambrano
Asesora de comunicación
Quito, Ecuador
Cuando una ley de prensa o de comunicaciones se propone corregir las deficiencias del periodismo, puede escoger, entre otros caminos, estos:
Documentación.
En 2002 la Fundación Knight le pidió a la universidad de Princeton que hiciera una encuesta sobre cuál era la frustración más grande del periodista estadounidense. Los resultados fueron que no recibía capacitación. El entorno está cambiando y se necesita capacitación. Este es un campo que pierde al 60% de la gente que ingresa, para cuando tienen 40 años. Esto implica que la mayoría de la gente inteligente se está yendo porque no recibe capacitación en su lugar de trabajo.
No he escuchado que se dijera en ningún momento que lo que iban a usar para la capacitación del periodista incluyera la historia del periodismo. No estoy hablando de historias grandes, de Watergate, de los héroes estadounidenses, de la teoría de triunfos. Estoy hablando de retrotraernos a los romanos, las primeras personas que escribían en la pared lo que estaba ocurriendo.
Yo no he escuchado que nadie dijera haber identificado las cien más importantes historias del periodismo, o cincuenta. Si nosotros nos proponemos darle un título a alguien sin que estudie los más importantes trabajos de la historia, los analice, los examine para que sepa qué es lo que hace que estos trabajos sean buenos e importantes, no estamos haciendo bien las cosas.
Charles Eisendrath.
Desafíos del Periodismo Real. El desafío de la capacitación. Clarín, Buenos Aires 2006. Pp 53 y 54.

¿Es ético que un periodista ofrezca a sus fuentes una fiesta para rendirles homenaje?
Víctor Hugo Vargas
Independiente
Bogotá, Colombia
La ética y la técnica de la profesión se unen para indicarle al periodista la necesidad de mantener independencia frente a las fuentes.
Esta independencia garantiza que el acercamiento del periodista a la verdad de los hechos no estará interferido por los intereses o condiciones de las fuentes.
Es inevitable que la fuente quiera influir sobre el periodista para imponer su punto de vista o sus intereses como persona, como parte de una institución, de un gobierno, de un partido, de una iglesia o de un grupo cultural o económico.
La distancia frente a la fuente, además, permite una libertad de crítica, indispensable para el examen riguroso de los materiales suministrados por la fuente. Una proximidad a la fuente, por comunidad de intereses, de sentimientos o de simples puntos de vista, interfiere en esa tarea crítica y expone al periodista a presiones que le impedirán tener su punto de vista profesional sobre los hechos.
Por estas razones, manuales y códigos coinciden en señalarle al periodista la inconveniencia de tener con las fuentes relaciones de proximidad que acentúan y fortalecen la dependencia, al mismo tiempo que hacen aparecer al periodista como un asesor de imagen o relacionista de la fuente, y no como un profesional de la información, independiente y digno de credibilidad.
Documentación.
Bajo ninguna circunstancia el periodista debe dejarse utilizar de sus fuentes. Ni ponerse a su servicio. El comunicador se debe al público, a los lectores. Es su representante. Se conocen a diario casos de fuentes de la mayor idoneidad y seriedad que suministran datos falsos a los reporteros. Por lo tanto, es aconsejable no creerle todo a la fuente. Dudar, dudar; cruzar la información obtenida, con otras fuentes alternas, permite confirmar o descartar lo que puede ser una noticia.
El periodista no puede aceptar regalos ni dádivas de las fuentes (romance, sexo, entradas gratuitas a eventos, transporte, alimentación, etc.) Todo esto tergiversa una relación que debe estar marcada por la distancia y la desconfianza. Hace perder independencia y, en consecuencia, la crediblidad del reportero y la del medio. Y la credibilidad en cualquier actividad humana, pero sobre todo en el periodismo, es un tesoro invaluable. Cuando se pierde, como en el amor, es muy difícil de recuperar.
Donaldo Alonso Donado.
De la información a la opinión, Cooperativa Editorial Magisterio, Bogotá, 2005. Pp. 48, 49.

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