¿Cómo lidiar con la incertidumbre en el periodismo de salud?
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¿Cómo lidiar con la incertidumbre en el periodismo de salud?

El periodista español Gonzalo Casino, creador del portal Escepticemia.com, ofrece seis recomendaciones para rescatar la función primordial del periodista de salud.
Fotografía: StartupStockPhotos en Pixabay | Usada bajo licencia Creative Commons.
Gonzalo Casino, Periodista científico y profesor de periodismo científico y de datos en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.

 

El periodismo huye de los tiempos condicionales para ahuyentar los rumores y los hechos no comprobados. Los “podría”, “es posible” y otras fórmulas de posibilidad casan mal con la información contrastada y rigurosa. Pero la medicina es tozudamente probabilística y al periodismo de salud no le queda más remedio que manejarse con la incertidumbre. ¿Es posible conciliar las desalmadas estadísticas con las emotivas historias personales, la rigidez de los números con la palpitación narrativa? Sostengo que no solo es posible, sino que es la vía para hacer un buen periodismo de salud y superar algunas de sus carencias y errores más habituales.

Buena parte de la información de salud, aunque no toda ni mucho menos, trata de ofrecer respuestas a cuestiones que médicos y pacientes se plantean cada día. ¿Es mejor este tratamiento o aquel otro? ¿Qué riesgos plantea esta intervención? ¿Qué probabilidades hay de prevenir esta enfermedad? ¿Cuáles son los factores de riesgo de este problema de salud? Las respuestas siempre tienen una perspectiva poblacional, la que emana de las pruebas y estudios científicos, y otra personal, la que atañe a cada individuo. Las informaciones periodísticas deben, por tanto, elaborarse teniendo en cuenta estas dos posibles lecturas en las que inevitablemente está presente la incertidumbre. A continuación, desgrano algunas ideas sobre la incertidumbre en el periodismo de salud como fruto de mi experiencia como periodista durante tres décadas en El País y otros medios, y ahora como profesor de periodismo científico y de datos.

• Muchas preguntas de salud no tienen respuesta. Contra lo que puedan pensar algunos ingenuos, la medicina no tiene respuestas científicas para muchas cuestiones, relacionadas con asuntos tan dispares como el tratamiento de una enfermedad o la influencia de una dieta en la salud. Faltan ensayos clínicos sobre muchas intervenciones terapéuticas, diagnósticas y preventivas, y la efectividad de la mitad de los tratamientos es desconocida. El conocimiento avanza, pero la incertidumbre de muchas respuestas médicas sigue siendo considerable, y esto hay que tenerlo en cuenta a la hora de informar.

• Los resultados de las investigaciones tienen distinto grado de veracidad. Todos los días se publican nuevas respuestas en forma de investigaciones médicas, pero sus resultados pueden tener un nivel de certeza muy distinto (alto, moderado, bajo o muy bajo). Los primeros estudios sobre un problema no suelen merecer una gran confianza y los últimos estudios no son necesariamente los mejores. Como no todos los estudios médicos son iguales, aprender a diferenciar los diversos tipos es una de las primeras responsabilidades del periodista.

• Tenemos que traducir la incertidumbre en palabras. El nivel de certeza del conocimiento médico se expresa con medidas estadísticas, difíciles de entender para el profano y aun para muchos médicos. El periodista debe traducir toda esta gama de certeza en palabras, con mensajes que van desde la afirmación segura de que una intervención médica “mejora” o “empeora” la salud hasta el reconocimiento de que el conocimiento disponible es “incierto” o “dudoso”, pasando por el “es probable” y el “podría ser”. Y para comunicar con claridad y eficacia la incertidumbre, la primera responsabilidad del periodista es mantener bien afinado su instrumento de trabajo: el idioma.

• ¿Quién diablos lee el segundo párrafo? Esta pregunta que atruena en la película Primera plana (Front page, Billy Wilder, 1974), invoca directamente una norma fundamental del periodismo: que lo que se publica debe ser leído. Para ello, el texto debe enganchar al lector frase a frase, desde el título hasta el final. Todo lo que merezca la pena ser contado en el periodismo de salud, incluyendo la incertidumbre de la medicina y sus implicaciones, debe ser narrado de tal manera que se cumpla esta primera regla.

• El periodismo se teje con palabras, pero también con números.  La capacidad de seducción, la magia de las palabras no es incompatible con el uso de datos numéricos. La precisión literaria o poética de las palabras, reivindicada por el llamado en su día “nuevo periodismo”, es simplemente un tipo de precisión distinta a la que ofrecen las estadísticas. El manejo solvente y transparente de datos amplia las posibilidades de comunicar una historia con precisión, facilitando que el lector saque sus propias conclusiones. Bien combinados con palabras, los números también pueden ser muy elocuentes.

• ¿Cuál es la función primordial del periodista de salud? Como cualquier otro tipo de periodismo, el de salud se atiene a las funciones, reglas y exigencias propias de la profesión. Pero tiene dos características diferenciales: la influencia de la información en las decisiones individuales sobre un bien tan preciado como es la salud y el peso de la incertidumbre en el conocimiento y el ejercicio médicos. Teniendo en cuenta estos dos aspectos, considero que la función principal del periodista de salud es ayudar al lector a entender toda esta incertidumbre aportando criterios que le ayuden a ser un consumidor crítico y exigente de informaciones de salud. Todo el ejercicio profesional debería apuntar, por tanto, a cumplir esta función lo mejor posible.

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