¿A quién creerle al hacer periodismo de salud?
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¿A quién creerle al hacer periodismo de salud?

Primera entrada de la periodista científica Lisbeth Fog para nuestro blog de periodismo de salud.
Fotografía: ErikaWittlieb en Pixabay | Usada bajo licencia Creative Commons
Lisbeth Fog Corradine, periodista científica, M.Sc.

 

No está el mundo para creer sino para dudar. La duda es una de las materias primas del periodismo, la usamos a diario en todos los temas, pero cuando se trata de nuestra salud… ¿A quién creerle? Ya ni siquiera al ‘experto’, palabra que usan frecuentemente los medios de comunicación porque hoy en día las fuentes suelen presentarse como tales, y la verdad es que el conocimiento avanza, las ideas que estaban afianzadas empiezan a controvertirse, las nuevas tecnologías en los diferentes campos de la salud perfeccionan o reemplazan anteriores procedimientos.

Por su parte, los médicos actúan de acuerdo con sus intereses y posibilidades, y los periodistas que cubren salud reciben a diario una avalancha de información que incluso a veces contradice la que llegó el día anterior. Por ejemplo, un estudio donde dice que el tomate es un fruto rico en antioxidantes, concluyendo que tiene la capacidad de captar los radicales libres que tiene el cuerpo humano y por tanto podría disminuir los riesgos de contraer enfermedades crónicas. Pero ¡ojo!, porque si usted padece de gota, dice otro estudio, el tomate eleva los niveles de ácido úrico y por tanto es mejor no consumirlo. ¿De qué especie de tomate estamos hablando? ¿De dónde proviene? ¿Con qué tipo de agricultura fue cultivado? ¿En qué concentraciones y en qué forma se propone su consumo? ¿De qué nivel de maduración nos están hablando?  ¿Ya salió publicado en revista científica? ¿Fue avalado por pares?

El reto al informar sobre salud es difícil de dimensionar. Los mismos científicos a menudo incluso se ‘curan en salud’ cuando al final de las publicaciones que dan cuenta de sus estudios escriben frases como ‘se necesitan más estudios para comprobar la eficacia de tal o cual medicamento’. ¡Claro!, porque puede ser que haya condiciones diferentes –desde la genética de la población hasta aspectos aparentemente inocuos como la forma de distribuirlo.

En la misma comunidad médica, que pretende actuar con base en la evidencia científica, existen diferentes enfoques para tratar las enfermedades –algunos creen en la mamografía y otros no, por ejemplo-. O hay quienes prefieren unos tratamientos a otros, y vaya uno a saber si la razón es realmente basada en la evidencia, o en la posibilidad financiera del paciente, o en la oferta del medicamento, o en el arreglo que tiene el especialista con tal o cual farmacéutica. Cuando hay posibilidades, es mejor  pedir una segunda opinión: ¿me someto o no a la cirugía de próstata? Hmmm…

‘Todo depende’ en el mundo médico y la responsabilidad del periodista empieza desde el mismo momento en que propone la idea de su historia al editor, quien se la aprueba si el argumento es sólido y confiable. Pasa luego por la selección de fuentes de consulta, sigue con el enfoque que le da a su relato, a veces incluso haciendo énfasis en una versión más que a otra, se acoge a la política editorial del medio que lo publica, propone a quien ilustra, diseña junto a quien diagrama, y se aprueba su publicación. El trabajo en equipo puede acercarlo más a la objetividad. Y, como diría mi maestro y colega español Manuel Calvo Hernando, las notas sobre ambiente y salud “deben tener un balance entre un optimismo prudente y un pesimismo esperanzador”.

Pero hoy en día, no es sino prender la pantalla de cualquier dispositivo para encontrar múltiples respuestas a las preguntas de los pacientes que no necesariamente han pasado por filtro alguno. La cantidad de opciones de información es abrumadora, lo cual exige del navegante criterio para escoger las páginas más serias, donde la información haya surtido un proceso de verificación y rigor. En todo ese universo es difícil lograrlo. Se necesitan instituciones confiables, y en ellas caras con nombres que se responsabilicen por sus declaraciones.

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