¿Periodismo para qué?
28 de Enero de 2019

¿Periodismo para qué?

Omar Rincón, profesor del Centro de Estudios en Periodismo (CEPER) de la Universidad de los Andes, reflexiona sobre la censura y la libertad de prensa, a raíz del caso que provocó la renuncia del director del sistema de medios públicos colombiano RTVC.
"Sigamos el ejemplo de Superman quien renunció al Daily Planet para poner su blog. Si un periodista quiere, encuentra lugar para su historia", afirma Omar Rincón.
Omar Rincón

Los periodistas somos los héroes de la libertad de expresión. Esto es gracias a los grandes periodistas del siglo XX  que pusieron al periodismo en el centro de la democracia, y también por las películas en las que los periodistas somos seres sin vida personal porque hemos dedicado nuestro destino a defender la democracia y denunciar a los poderes. Pero llegó el siglo XXI y hemos entrado en desgracia, ya que parece que no servimos para nada, o tal vez solo servimos para adular y servir al amo. Hemos llegado al periodismo mascota: todo por una galletica o un mimo del poder, de la fuente, del anunciante, del dueño. Tan mal andamos que hasta Clark Kent, Superman, renunció al Daily Planet para crear un blog.

Cuatro opiniones publicadas

Hace poco leí esto: “Lo que es ingenuo esperar es que The Washington Post cuestione las irregularidades de Amazon, que El Tiempo denuncie los abusos del sistema bancario o que El Espectador exponga las realidades del monopolio cervecero o del duopolio televisivo”. Esto escribe el periodista y exdirector de El Tiempo Enrique Santos Calderón en su libro “El país que me tocó vivir”, (Debate, 2018, p. 188).

Hace poco leí que refiriéndose a María Isabel Rueda, Mauricio Pombo escribía en El Tiempo que “así como los jueces, fiscales y funcionarios públicos deben manifestar sus impedimentos, los periodistas también lo deberían hacer, o al menos dejarnos saber quiénes son aquellos personajes que pueden influir en sus opiniones. Al fin y al cabo, si uno los oye todos los días preguntándose cosas y los domingos dando línea, pues no estaría mal saberlo”.

Hace poco leí que el alcalde de Barranquilla, Alex Char, “en los últimos dos años entregó 68 mil millones de pesos a periodistas, medios y artistas. Una cifra 22 veces mayor que la que ha dado la Gobernación del Atlántico y apenas 20 mil millones por debajo de la que ha entregado Enrique Peñalosa en Bogotá, que tiene más del triple de habitantes que Barranquilla”.

Hace poco fui espectador de una escena grotesca de censura del  exgerente de los medios públicos en Colombia, RTVC, Juan Pablo Bieri, donde dijo como motivo para censurar a “Los puros criollos” que Santiago Rivas al criticar la Ley Mintics estaba “mordiendo la mano que le daba de comer”. Y Bieri fue presentador de televisión de medios como RCN, City TV y Red+ Noticias. Un presentador que acepta que no hay que disentir del dueño del medio, un presentador que, aunque ha trabajado en los medios, no tiene conciencia de la libertad de expresión y el censurar.

Cuatro conclusiones

Estas cuatro opiniones confirman la idea de que hoy el periodismo es más mascota que guardián de la democracia y la libertad de expresión.

1. No se puede disentir del dueño porque le da de comer al periodista, y los dueños son los empresarios más grandes del país, o el Gobierno, o los anunciantes. Los empresarios compran a los medios y los ponen a su servicio. Los gobiernos compran las opiniones con pauta. Los anunciantes quieren publirreportajes. El periodismo más que contra-poder se convirtió parte estratégica de los poderes.

2. Los periodistas aceptamos este modo de informar y lo promovemos. Y es que no hay medios, no hay dónde trabajar, no se sabe cómo sobrevivir de modo independiente, y de algo hay que comer.

3. Para sobrevivir, los medios han optado por las agendas que dan clics y likes, y esas son transmitir declaraciones escandalosas que lleguen de las fuentes vía Twitter, y ahí el rey del matoneo gana; crear escándalos de redes digitales para elevarlos a agenda estructural del país; convertir al fútbol y la farándula en la agenda prioritaria de la sociedad; narrar en vivo y en directo los hechos de sangre y semen; convertir a la información en chistes, porque más que pensar queremos que la sociedad ría.

4. Y para tener algo de dignidad, practicar el periodismo narrativo o acronicado pero de asuntos que no molesten, pura fauna y flora, nada de los asuntos estructurales de la sociedad.

En este contexto, entonces, ¿para qué el periodismo?

¿Periodismo para qué? 

Ante este escenario es muy difícil pensar en cómo hacer periodismo de independiente, de calidad y útil a la ciudadanía. Realmente, andamos en la mala. Y es difícil en la práctica salir de este secuestro del periodismo por parte de empresarios, gobernantes y anunciantes. Entonces, ¿qué hacer?

No hay que darnos tan duro.  El periodismo a pesar de tanto control sigue siendo esencial para la democracia. Sin periodismo, la corrupción no se hubiese convertido en un asunto público y los corruptos (empresarios, políticos, jueces y gobernantes) serían más descarados y cínicos; es el periodismo el que logra que no todo sea tan fácil para ellos. Y además, hay resultados, se logra que renuncien contra su voluntad ciertos cínicos, que otros sigan pero tengan que dar cuentas, otros pueden ir a la cárcel. Y es que el periodismo no lleva a la cárcel ni hace justicia, molesta y molesta. Y de ese periodismo de molestar sigue habiendo mucho y útil.

Los buenos periodistas trabajan en condiciones adversas. El periodista verdadero se las ingenia para encontrar un foco y un modo de contar que diluya las fuerzas coercitivas del poder. Nuestra fuerza está en la investigación, en encontrar el modo de contarlo y lograr poner a una sociedad a conversar y a dudar de sus fe de Whatsapp.

Hay donde publicar. No solo los medios donde trabajamos nos dan posibilidades en internet, sino que hay muchos sitios, iniciativas como La liga contra el silencio, formatos como el youtuber, maneras de narrar que sobrepasan toda censura. Sigamos el ejemplo de Superman, quien renunció al Daily Planet para poner su blog. Si un periodista quiere, encuentra lugar para su historia. Nuestro problema es la pereza que solo nos lleva a hacer lo que nos mandan, hemos depuesto la imaginación y el atrevimiento.

La buena noticia es que en un mundo de fakenews (noticias falsas), alternative facts (hechos alternativos), iglesias de Whatsapp (cada uno en su fe), la sociedad anda en bronca con todo y todos, y ahí es cuando el periodismo de calidad se requiere. La democracia, la libertad de expresión, la ciudadanía nos exige que lo hagamos bien. Y a los que lo hagan bien, los seguiremos y creeremos en su criterio, y ellos y ellas reinarán, y de esos periodistas hay muchos y muy buenos.

Entonces, ¿para qué el periodismo? Para molestar el poder, narrar la democracia y ponernos a conversar. Y todavía hay muy buenos periodistas que leer, oír, ver. No somos Superman, pero si lo hacemos con conciencia crítica, el poder nos lee, oye o ve. Y nos teme.

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Las opiniones expresadas en nuestra sección de blogs reflejan el punto de vista de los autores invitados, y no representan la posición de la FNPI y los patrocinadores de este proyecto respecto a los temas aquí abordados.

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