Clic, clic, clic
18 de Diciembre de 2017

Clic, clic, clic

Para Nicolás Samper, a pesar de la escasez de recursos se pueden generar resultados, siempre y cuando el énfasis del trabajo periodístico sea en el cómo se cuentan las historias.
Fotografía: Comfreak en Pixabay | Usada bajo licencia Creative Commons
Nicolás Samper C.

La discusión era surreal: en una empresa donde trabajé estaban pensando en implementar una propia página para competir con otras de la misma rama. La iniciativa de crearla había sido mía porque a pesar de contar con un apoyo en medio impreso, sentía que era vital poder instaurar un apoyo en internet. Luego de mucho remar para poder llevar la idea a cabo, logré convencerlos de que ese escenario podría ayudar muchísimo a impulsarnos.

Sin quererlo desaté mi propio viacrucis. Porque la página era modesta, precaria casi. No abundaban los recursos pero sí tenían que abundar los clics. Las visitas, los usuarios únicos. Mi experiencia había sido experimental en un proyecto propio llamado “Bestiario del balón”, en el que sin darnos cuenta excedimos un número de visitas promedio de cualquier blog y tuvimos que transformarnos. Es decir, ya sabía que a pesar de la escasez, se podía llegar a una meta más alta. Sucedió también años antes, cuando Futbolred era una iniciativa de un par de inversores y no era parte de una casa editorial. Allí también, a partir de las carencias, se consolidó un nombre y un estilo para presentar informaciones que más allá de ser comunes, tenían un diferencial. Un “cómo contarlas” pero bien entendido.

Entonces en aquella reunión insistí en que la posibilidad de hacer algo distinto se iba a generar en las historias propias que contáramos, en el “cómo” escribir, no tanto en el “qué” escribir. En pensar que la idea de hacer una página era también el chance de tener un lienzo en blanco con el que se podrían crear cosas que fueran más allá de la información habitual que se consulta en cualquier portal de mayor envergadura. Mi discusión se centraba en periodismo; la de los gerentes, en economía.

Desde las altas esferas me dijeron que lo que ellos necesitaban eran clics. Que debíamos ganarles a colosos tipo AS y Marca. Y a Futbolred también. Y a Semana y a El Tiempo y El Espectador… de golpe vi que mi idea inicial perdía forma. ¿Cómo superar a empresas de internet de gran nombre, con amplísimas redacciones, y con requerimientos técnicos y tecnológicos de última generación contando lo mismo que ellos? Yo les dije que había que contratar gente, tener diseñadores, redactores,  un equipo multimedia, pero que, sobre todo, que había que contar historias de verdad, con un diferencial. Ellos me respondieron que hasta que no hubiera cifras en clics que respaldaran la idea ellos no invertirían.  Que querían clics como fuera. Les pregunté que para qué querían clics. La respuesta fue contundente: “no sabemos. Pero necesitamos clics”.

Hoy cuando algunos medios acuden a premisas falsas o erradas para que la gente abra sus links o cuando aluden a llamaradas desinformativas de 140 caracteres con tal de generar una reacción en el que lee, sin importar que la credibilidad quede expuesta a todas las infecciones como si se tratara de una herida abierta y no trataándola con el respeto que se merece, como una muralla que edifica el fortalecimiento de comunicación que se haga saber respetable, pienso siempre en esa reunión surrealista tan alejada del periodismo y tan cercana a las exigencias de resultados con un contenido pando e insustancial en el que una decisión de cantidad -de clics, obvio- puede medrar la imagen de calidad con la que cuenta un medio tradicional.

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