“No deberíamos esperar que las empresas de redes sociales solucionen el problema de las noticias falsas”: Carlos Cortés
9 de Octubre de 2017

“No deberíamos esperar que las empresas de redes sociales solucionen el problema de las noticias falsas”: Carlos Cortés

Entrevista con quien fuera Director de Políticas Públicas de Twitter para América Latina.
Red Ética

Célebre ahora por su videoblog Mesa de Centro en La Silla Vacía, el abogado y periodista Carlos Cortés fue uno de los invitados a discutir el problema de la posverdad durante la más reciente edición del Festival Gabo.

Cortés participó en dos eventos: el conversatorio La Fábrica de la Desinformación; y el taller Al Ritmo del Algoritmo. Al finalizar el Festival, lo entrevistamos para conocer más en detalle sus reflexiones tras el paso por los tres días de la gran fiesta del periodismo que anualmente se realiza en Medellín.

“Hay una tensión muy complicada entre la protección de las comunicaciones y la idea de que no se difundan mentiras a través de estos servicios”, advirtió Cortés en entrevista concedida a Hernán Restrepo, gestor de contenidos de la Red Ética de la FNPI.

¿Podríamos decir que su mensaje durante el taller dictado en el Festival Gabo es principalmente que no es tan fácil solucionar el problema de las noticias falsas?

Yo creo que hay dos mensajes importantes que quería dejar sobre la mesa. Primero, que no es tan sencillo. Pero además no es tan buena idea pensar que son las empresas de redes sociales las que lo tienen que solucionar. No es tan sencillo porque, en esencia, cuando hablamos de noticias falsas estamos hablando de palabras, de información, y las decisiones que tomemos sobre moderación de contenidos, qué contenidos mantenemos y cuáles no, a quién le permitimos hablar y a quién no en redes sociales, pues tiene un impacto muy grande. El de la libertad expresión es el primer problema, pero también está la cuestión de la transparencia. Es decir, quién toma la decisión y cómo la toma.

El segundo punto es que no deberíamos tampoco desear simplemente que lo solucionen Facebook o Twitter, porque estas son empresas privadas que de alguna forma ya tienen muchísimo poder en la configuración de nuestro debate público. Si le agregamos a eso el poder de que decidan qué información debemos leer y qué información no, nos estamos restringiendo nuestras posibilidades de acceder a información.

A lo largo del Festival Gabo fue creciendo en usted la idea combatir el problema de las noticias falsas utilizando las estrategias de los creadores de desinformación. Es decir, disfrazando las verdades de mentiras. Explíquenos de qué se trata.

Es cierto que es una idea que mastiqué estos dos días y ahora estoy pensando si sí es buena o no. Hay que buscar una manera de promover un mensaje que tenga el mismo impacto y la misma velocidad que la desinformación en redes sociales. Entonces yo decía, pues si lo que la gente está leyendo son mentiras en WhatsApp, pues disfracemos las verdades de teorías de conspiración y las mandamos por WhatsApp. Eso es a grandes rasgos la idea, para que reaccionemos de una manera más rápida, un poco más orgánica y menos centralizada.

Este problema no lo van a solucionar la FNPI, Facebook, o los medios de comunicación solos. El riesgo de esta idea es que significa tomar atajos, y por lo tanto puede tener efectos imprevistos, pues podríamos terminar por esa misma vía sembrando camino para que la especulación, la información simplificada y sesgada se vuelva moneda de cambio.

Es apenas una idea para seguir discutiendo. Pero sí siento que tenemos que buscar fórmulas más innovadoras. No puede ser simplemente dejarlo en manos del periodismo responsable y creo que es parte de la estrategia. Pero necesitamos buscar soluciones más innovadoras.

Hemos hablado mucho de WhatsApp. Vemos que para usted existe un conflicto porque encontrar una solución para la desinformación que circula en esta plataforma de mensajería implicaría violar el derecho a la privacidad de los usuarios.

Nosotros estamos acostumbrados a consumir información en redes sociales como Twitter o Facebook. Pero lo que estamos viendo es que WhatsApp es la “red social” que están utilizando más los colombianos hoy en día, cuando tenemos más teléfonos móviles que de habitantes en el país. Probablemente el 80% de sus teléfonos están conectados a WhatsApp con un plan de datos gratuito.

En teoría WhatsApp es una aplicación para intercambiar comunicaciones privadas y eso tiene una protección absolutamente lógica de privacidad e intimidad. No cualquier persona puede meterse a leer mis conversaciones ahí con mis amigos o mi novia. Pero ahora tenemos el problema de que la gente está difundiendo desinformación por esta vía. ¿Tendríamos entonces que permitir que se vigile que lo decimos ahí?... Como ves, hay una tensión muy complicada entre la protección de las comunicaciones y la idea de que no se difundan mentiras a través de estos servicios.

Finalmente, sin ánimos de ponerte a jugar a la futurología, ¿qué papel va a tener el tema de las noticias falsas durante las próximas elecciones presidenciales en Colombia?

Yo soy optimista en un sentido y pesimista en otro. Pesimista en el corto plazo, pues pienso que en las elecciones del otro año van a tener todavía muchísima influencia las redes sociales y WhatsApp. Seguramente veremos noticias falsas e información sesgada. Por lo tanto, no veo que vaya a ser un debate muy distinto que tuvimos en el plebiscito.

Ahora bien, espero que la experiencia del plebiscito tal vez le haya servido algunos para cambiar su enfoque. A nadie le gusta sentirse manipulado, y creo que de lado y lado pudo haber gente que se sintió manipulada. No sé si el tiempo nos dé realmente para que pase algo distinto.

Y soy un poco más optimista en el largo plazo, en cuanto a que este fenómeno y las redes sociales una cosa que en la elección de 2010 realmente no existía de esta forma. Y en las elecciones de 2006, ni hablar. Entonces está joven el problema, yo creo que necesariamente al cabo de unos cuantos años, vamos a aprender, solucionar y trabajar de una forma distinta este problema.

 

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