Las tres primeras líneas de un libro son de oro
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2 de Agosto de 2018

Las tres primeras líneas de un libro son de oro

Martín Caparrós dirige en Buenos Aires la quinta edición del Taller de libros periodísticos . Se refirió a la introducción, la estructura y la lectura en voz alta.
Martín Caparrós, maestro del Taller de libros periodísticos / Foto: Gonzalo Martínez
Javier Sinay

La historia de dos submarinos argentinos, uno que combatió en la Guerra de Malvinas y otro que desapareció en el fondo del mar hace menos de un año, se entrecruzan en uno de los proyectos que llegaron al taller de libros periodísticos de Martín Caparrós.

El autor de la propuesta, Hernando Flórez, se toma un rato, durante el segundo día del taller, para explicar un poco el contexto de la vida a bordo de un submarino en donde muchas veces, para eludir un sonar enemigo, el silencio se vuelve una obligación. Su proyecto viene con una introducción, que empieza así: “En inmersión la vida del hombre y del submarino están relacionadas estrechamente. En la jerga naval se denomina Espíritu de Buque a un sentido pretendido, deseado de cohesión entre los miembros de la tripulación y entre la tripulación y el buque”.

Pero el maestro Caparrós pregunta: “¿Cuál es la ventaja de una introducción?”. La mesa de los ocho talleristas –entre los que hay argentinos, colombianos, una portorriqueña, una peruana y una española– guarda silencio. “Defiéndanla”, propone el maestro. Y así se inicia un pequeño debate.

Luego Caparrós explica: “Una introducción está antes que la historia, pero cuando Rodolfo Walsh pone en Operación Masacre eso de que 'hay un fusilado que vive', ya no está haciendo una introducción, sino contando la historia”.

“Estamos acá para contar y no para decir en términos secos y distantes cómo vamos a hacerlo”, sigue Caparrós. “¿Tenemos miedo de que no nos entiendan? Todo libro tiene necesariamente una introducción: todo libro empieza y es decisivo cómo lo hace. Por eso mismo, porque hay pocas cosas más importantes en un libro que sus primeras tres líneas, es rara la idea de querer arruinarlo con unas 50 líneas anteriores con una introducción. Sólo el título es más leído que las primeras tres líneas: éstas definen el tono y el modo en que te vas a encontrar con tu lector”.

Caparrós también le señala a Flórez algo sobre la extensión de sus textos. Cuenta que él mismo comenzó a manejar el recurso del fragmento (variando la extensión de sus capítulos y subcapítulos) leyendo a John Berger. “De tan pocos libros he tomado tanto como de G.”, dice. “Escribir es copiar: uno empieza por copiar involuntariamente, pero en algún momento lo hace con más deliberación. Así uno se arma un estilo, a partir de las diversas copias y de la combinación de esas cosas. Todo depende de la habilidad que uno pueda tener para mezclar esos ingredientes, que vienen de algún lado. Vale la pena buscar modelos”.

En busca de una estructura para un libro que nace en la web

Un rato después, Caparrós se refiere a Crónicas desarmadas, un proyecto en torno al proceso de paz colombiano con entrevistas con hombres y mujeres de las Zonas Veredales Transitorias de Normalización (ZVTN), territorios donde los combatientes de las FARC-EP hicieron su dejación de armas e iniciaron su tránsito a la vida civil en 2016. La versión web está en cronicasdesarmadas.com y Ana Karina Delgado Díaz, fotógrafa y escritora, quiere ahora adaptarla a un libro.

A esta edición del taller de libros periodísticos llegaron seis proyectos sobre el mismo tema. Este fue el elegido por la forma de compilar las historias y los testimonios, con mucho clima y desarrollo.

“Hay buen material y está disponible para ser usado, pero hace falta encontrar una estructura”, dice Caparrós. “¿Cómo convertir esto en un libro que tenga interés? Yo trataría de hacer un libro que tenga algo de presente; que no se quede en el retrato de una situación que fue breve y evolucionó. Elegiría diez historias e iría a ver de nuevo a esas diez personas para hacer una segunda parte y tener prevista la publicación para tres meses después. Así podrías contar cómo esta tentativa por la paz fracasó. Serían historias en las que cada uno diga qué es lo que no sucedió de lo que iba a suceder: esa es mi primera opción”.

Se pregunta el maestro: ¿cómo organizar esas diez historias? Y dice que hay que encontrar un código coherente, pensar si es bueno ir y venir en el tiempo, ver cómo organizarlo.

“Voy a regresar al terreno”, dice Delgado Díaz. “Estoy buscando a la mayoría de los ex combatientes con los que ya hablé. Si es difícil encontrar a algunos, debe ser porque está en armas de nuevo. No son todos excombatientes; la mitad de los que entrevisté son civiles. A uno lo mataron”.

Caparrós sugiere una posible estructura: “Diez historias con alguna hilación. La última historia tiene que tener su continuación inmediatamente después, luego sigue la historia número nueve y así, y la historia número uno es la última. En el medio debería haber un conector. Me parece más elegante como recorrido: primero vas a tener la idea de que estás continuándolo, pero no”.

La importancia de leerse en voz alta

La conversación muta y los temas se suceden pero, antes del final de la jornada, el maestro pide a los ocho talleristas que les quiten todas las comas que les sobran a sus textos y deja un último consejo: “Idealmente, uno tendría que leer en voz alta todo lo que escribe. Cada vez que uno trata de corregir algo que escribió, encuentra algún punto que se puede mejorar. Y se puede mejorar infinitamente, por eso hay que insistir en la corrección”.

 

Sobre el Taller de libros periodísticos con Martín Caparrós

Es organizado por la FNPI - Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano y la Fundación PROA con el apoyo de la Fundación Tomas Eloy Martínez - FunTEM, con el objetivo de promover el libro como formato de trabajo periodístico, alternativa de lectura y de mercado editorial.

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